21 de marzo 2017 - 23:40

Imágenes de una oferta infame en singular muestra

FACUNDO DE ZUVIRÍA TRANSFORMA Y EXPONE AVISOS DE PROSTITUCIÓN - En “AMOR!!! 24 HS”, que puede visitarse en la galería Rolf, el artista (que ha retratado Buenos Aires de múltiples formas) muestra una iconografía personal del “amor pago”, a partir de centenares de avisos callejeros.

Amor 24 horas. “Dudé mucho antes de presentar la iconografía del amor pago en Buenos Aires”, dice Facundo de Zuviría.
Amor 24 horas. “Dudé mucho antes de presentar la iconografía del amor pago en Buenos Aires”, dice Facundo de Zuviría.
Desde los inicios de su carrera hasta la actualidad, Facundo de Zuviría ha registrado con un estilo personal el paisaje de Buenos Aires. En estos días presenta en la galería Rolf un tema aparentemente ajeno a su obra: la publicidad dedicada a la prostitución femenina. Pero, si bien cuesta encontrar su estilo en la singularidad de "AMOR!!! 24 HS", es posible reconocer la misma modalidad de búsqueda utilizada para fotografiar los emblemas de la pasión futbolera boquense o los maniquíes en sus vidrieras nostálgicas.

Con genuino placer visual y mirada minuciosa, a través de casi 40 años De Zuviría supo descubrir y redescubrir la gente y la arquitectura porteña con su cámara. Su nuevo ensayo se basa en fotografías anónimas recogidas durante años por la ciudad. Con el afán de un coleccionista, llegó a reunir centenares de cartelitos de oferta sexual, despegándolos de los postes de alumbrado, eligiéndolos entre los de las modistas, plomeros o profesores de idiomas.

La exhibición muestra la lujuria, el deseo y la estrategia para satisfacer el goce. "Flaquitas y pulposas", "Solita en mi depto", "Juntitas", "Nuevita en la zona", "Tuya ya!", "Dulce y pecadora", "Te espero", "Duchate conmigo", "Besos de novia", "Tu mejor amante", "Confort y discreción", "Amor 24 Hs", anota en su libreta. "Es una especie de catálogo", observa el artista.

Todo resulta primitivo en la muestra; sin embargo, en abierto contraste, las imágenes se exhiben con la pulcritud y el esmero taxonómico de un museo de ciencias. Cualidades acentuadas por la luz blanca de los tubos fluorescentes potenciada por las paredes blancas y el rigor de la disposición del material callejero debidamente enmarcado. En una vitrina hay un cuaderno de apuntes y el manuscrito del guión de la muestra, mientras en una salita especial hay unas pocas fotos de autor. Como un cazador al acecho, De Zuviría logró rescatar imágenes de los canales desclasificados que mantienen las características del efecto borroso y el titilar de la pantalla.

Entretanto, el secreto de la condición artística de la muestra reside en el sabio encuadre de las imágenes. Secreto que De Zuviría revela con ejemplos donde muestra la línea del encuadre para un corte que, más allá de destacar las formas, deja fuera del cuadro teléfonos y direcciones. Luego, las ampliaciones expresan el gusto formal del artista: poner en evidencia el grano grueso de la impresión barata. La mayor dimensión la alcanza una imagen transparente pegada en la vidriera de la calle Esmeralda, allí se adivinan las sombras de un sexo, dibujadas con el punteado del offset "berreta". Entre los papelitos de colores turbios el artista eligió los más ordinarios, los peor impresos, para llevar las siluetas al mayor formato.

Las imágenes de las sinuosas mujeres de los burdeles muestran sus pechos y traseros con poses ostentosas que se reiteran casi sin variantes. Es el fast food que aplaca la voracidad. Pero las imágenes se perciben tan eróticas como monótonas. De Zuviría parece acentuar la monotonía cuando señala: "Todo está en formas esenciales, curvas donde se concentra el deseo de posesión de una mujer, casi en abstracto". Sin embargo, agrega que "en estos papelitos que ofrecen sexo, masajes, compañía, aparecen otras leyendas -por si no quedara claro- dirigidas a accionar la imaginación, la posibilidad de acceder, aunque solo fuese por un momento, a una especie de "paraíso terrenal" donde todo estaría permitido". ¿Paraísos o infiernos? De Zuviría confiesa: "Dudé mucho antes de presentar la iconografía del amor pago en Buenos Aires".

Hoy sus fotografías de la serie "Siesta Argentina", un relato de la crisis que padeció la Argentina en 2001, se expone en la Americas Society de Nueva York con la curaduría de Alexis Fabry y Gabriela Rangel.

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