Pocas historias hay de este tipo, en las que una persona consigue ganar millones después de un esfuerzo enorme y con orígenes de extrema pobreza. Gracias al trabajo, la audacia y la decisión de apostar por algo completamente nuevo, logró forjar un imperio que le permitió hacerse de una gran fortuna.
El humilde huérfano que no terminó la escuela, pero creó un imperio de u$s400 millones conocido en todo el mundo
Este empresario no tuvo un inicio fácil, pero llevó adelante un imperio que logró competir con los gigantes de su industria.
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De limpiar mesas a ganar millones con una de las cadenas de comida rápida más populares del mundo
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El invento que tiene su propia personalidad: la pequeña criatura que se volvió furor en internet
Empezó como empleado en un local de comida rápida y terminó forjando una de las franquicias más conocidas.
Al Copeland quizás no sea un apellido muy conocido en todo el mundo, pero la forma en que alcanzó el éxito sí es muy recordada. Desde lo más bajo, con varios problemas por atravesar y una ambición pocas veces vista, consiguió hacerse lugar ante una fuerte competencia.
La historia de Al Copeland
Alvin Charles Copeland nació el 2 de febrero de 1944 en Nueva Orleans, Luisiana. Su familia tenía muy pocos recursos y su padre abandonó el hogar cuando él era chico. Su madre quedó a cargo de Al y de sus dos hermanos mayores, en una casa donde el dinero faltaba.
A los 16 años dejó la escuela secundaria para ayudar con los gastos familiares. Primero consiguió empleo en un supermercado local y después pasó a Tastee Donut, una tienda de donas. Allí empezó a asumir más responsabilidades y conoció desde adentro el movimiento diario de un comercio de comida rápida.
Su primer paso como dueño llegó después de ahorrar durante un tiempo. Para cubrir los gastos iniciales de un local de la marca, vendió su auto. Ese paso le mostró una forma de crecer que no dependía solo de abrir negocios propios con dinero propio.
Mientras pensaba en sumar otra tienda de donas, empezó a mirar con más atención el pollo frito. En Luisiana, los sabores especiados tenían mucha presencia en la comida cotidiana y podían darle otra identidad a un producto popular. Ese cambio de plan lo alejó de las donas y lo llevó hacia el negocio que lo haría conocido.
Cómo nació Popeyes
En 1972, con 28 años, Al Copeland abrió un restaurante en Arabi, cerca de Nueva Orleans. El local se llamó “Popeyes Mighty Good Fried Chicken” y ofrecía pollo frito con una receta más condimentada que la de otras cadenas. El nombre estaba inspirado en Jimmy “Popeye” Doyle, personaje de la película “The French Connection”.
La propuesta se apoyó en sabores cajún, una cocina típica de Luisiana marcada por condimentos intensos y preparaciones con mucho carácter. Esa diferencia ayudó a que el restaurante tuviera una identidad clara frente a competidores más grandes y conocidos.
Popeyes empezó a crecer con nuevos locales y luego sumó franquicias. En 1976 abrió la primera en Baton Rouge, la capital de Luisiana. A partir de ese momento, la expansión ganó velocidad y la marca empezó a salir de su mercado inicial. Entre 1976 y 1986, la cadena superó los 500 establecimientos. Para 1989, ya tenía cerca de 700 restaurantes en distintos mercados y ocupaba el tercer lugar entre las cadenas de pollo de servicio rápido, detrás de KFC y Church’s Chicken.
Copeland también invirtió fuera del rubro que lo había hecho famoso. Con el paso de los años sumó restaurantes, hoteles y clubes de comedia. Además, destinó dinero a proyectos educativos y de formación gastronómica en instituciones de Nueva Orleans.
La fórmula secreta para salvar a su imperio de la bancarrota
En 1989, Copeland compró Church’s Chicken por u$s380 millones. La operación buscaba unir a Popeyes con uno de sus principales competidores y ganar más peso frente a KFC. La compra se hizo casi toda con financiamiento externo y dejó a la empresa con pagos muy difíciles de sostener.
La integración no dio el resultado esperado. Popeyes y Church’s siguieron trabajando como marcas separadas, por lo que los costos no bajaron como se había calculado. Al mismo tiempo, los intereses empezaron a presionar cada vez más las cuentas de la compañía.
En 1991, Popeyes se declaró en bancarrota bajo el Capítulo 11, una figura de la ley estadounidense que permite reorganizar empresas endeudadas. La firma debía más de u$s400 millones. En 1992, los acreedores tomaron el control de Popeyes y Church’s mediante una nueva compañía llamada America’s Favorite Chicken.
Copeland perdió la cadena que había creado, pero conservó un activo clave. Años antes había armado Diversified Foods & Seasonings, una compañía separada de los restaurantes, encargada de los condimentos y las fórmulas usadas en el pollo y los acompañamientos.
La nueva conducción necesitaba esos insumos para mantener el sabor original de Popeyes. Por contrato, los locales debían seguir comprándolos a la empresa de la familia Copeland. Ese acuerdo le dejaba entre u$s10 millones y u$s13 millones por año.
Con esos ingresos mantuvo inversiones en gastronomía, hotelería y entretenimiento. En 2004, durante un proceso de divorcio, se conoció que su patrimonio personal rondaba los u$s400 millones y que sus ganancias anuales estaban entre u$s13 millones y u$s15 millones.
Al Copeland murió el 23 de marzo de 2008, en Múnich, Alemania, donde recibía un tratamiento experimental contra un tipo raro de cáncer. En 2014, sus herederos vendieron a Popeyes los derechos de las recetas por u$s43 millones.
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