18 de junio 2013 - 00:00

Inconfundible línea de De Volder reaparece en diversos soportes

De Volder vuelve a afianzarse en su estilo, y a través de las rígidas geometrías de Natalia Cacchiarelli que acompañan sus líneas onduladas, abre camino a las nuevas generaciones que mantienen presente la vanguardia abstracta argentina de los años 40.
De Volder vuelve a afianzarse en su estilo, y a través de las rígidas geometrías de Natalia Cacchiarelli que acompañan sus líneas onduladas, abre camino a las nuevas generaciones que mantienen presente la vanguardia abstracta argentina de los años 40.
La galería Palatina exhibe en estos días una muestra de Beto De Volder acompañada por las rígidas geometrías de Natalia Cacchiarelli. Las líneas enruladas de De Volder en colores neutros dominan la sala. Por su parte, las pinturas de Cacchiarelli imponen determinadas pausas. Con colores vivos la artista reitera un mismo motivo: el fragmento de un cuadrado que interrumpe, con la ilusión de profundidad, el fluir insistente de la línea ondulada de De Volder. Como las voces de un canto, las obras de ambos establecen una relación de silencios y modulaciones.

De Volder comenzó a exhibir sus obras en los inicios de la en la década del 90, desde entonces dibuja curvas y contracurvas y a lo largo de todos estos años ha trazado una línea cuya naturaleza serpenteante se pliega y despliega con elasticidad y suele enrollarse sobre sí misma para configurar el meollo de las obras.

La línea ya tiene una historia: primero se desplazó por Buenos Aires, después, cuando esa misma línea caló el material que encontraba a su paso y adquirió volumen, De Volder aprendió técnicas que enseñó en Misiones y en Tucumán. Su carrera internacional comenzó inesperadamente en el año 2003, cuando presentó una muestra en el espacio alternativo Sonoridad Amarilla que trataba sobre los juegos dinámicos de sus líneas y la dividió en tres secuencias monocromáticas y temporales: una semana en rojo, otra en amarillo y finalmente, la última, en azul. La simplicidad y a la vez, la complejidad de la propuesta, sedujo a la coleccionista venezolana Patricia Cisneros. De paso por Buenos Aires,Cisneros compró varios dibujos y los exhibió junto a las obras de los grandes maestros de la abstracción, en la muestra "Diálogos", que recorrió varios países de Latinoamérica. La colección Cisneros tiene una estética definida que se destaca por la búsqueda de obras que ostenten: "rigor intelectual, complejidad plástica, diversidad y, por descontado, la belleza del arte abstracto latinoamericano". Las abstracciones de De Volder encajan a la perfección en este planteo y el artista comenzó su veloz trayectoria internacional.

Heredero de la tradición abstracta argentina, específicamente del arte concreto y Madí, De Volder es dueño de un estilo inconfundible y un virtuosismo que le otorga una identidad especial a su obra. Marita García señala que la línea del artista "engarza diversos universos: rodea las investigaciones parisinas de los años 30, contornea las reelaboraciones de la abstracción en el contexto argentino, y establece continuidades en el devenir de sus dibujos".

Fiel a sus primeros trabajos realizados con la vieja técnica del dibujo a mano alzada, De Volder ha vuelto a exhibir en Palatina la misma línea elástica que se desplaza por los papeles, maderas y bajorrelieves que hoy configuran diversas y renovadas constelaciones. Resulta grato descubrir que las formas más o menos sinuosas que dibuja esa línea, más o menos rítmicas o cadenciosas, inscriben y a la vez explican a través de su extenso recorrido, el sentido de la obra. La tensión y la circulación de las formas, los flujos y reflujos que en esta muestra se han tornado más orgánicos, terminan por plasmar una representación visual del universo. Para explicar el sentido de su obra, el artista sólo menciona "el placer". Un placer perceptible para el espectador en el júbilo que transmite la obra, en la fuerza y el correr de las formas flexibles que articulan en unas maderas movibles, que invitan al juego y a la manipulación.

Finalmente, De Volder, que tiene como pares en la vertiente abstracta a Fabián Burgos, Pablo Siquier, Gachi Hasper, Tulio de Sagástizábal o Jorge Gumier Maier, vuelve a afianzarse en su estilo. Pero con la presencia de Cacchiarelli abre camino a las nuevas generaciones que mantienen presente la vanguardia abstracta argentina de los años 40.

"Beto De Volder" el libro que la editorial Adriana Hidalgo le dedicó al artista, se suma a la bella colección de arte contemporáneo. Los textos de Alberto Passolini, Isabel Plante y Santiago García Navarro se remontan a los inicios de la década del 90, cuando agonizaba la pintura neoexpresionista y ante el avance de la vertiente neoconceptual, De Volver, cansado «de la exigencia de tener que justificar una y otra vez su trabajo, dejó de exhibir por unos años y se refugió en la tradición abstracta». El dibujo ya había asomado en sus primeras obras, y volvió para recuperar entonces el protagonismo perdido.

La línea reaparece en la muestra de Palatina en diversos soportes, desde el papel, la tela, el metal, hasta reaparecer en medio de la sala con el volumen de unas placas de madera sintética y con cualidades escultóricas. El propio artista explica su trabajo: dibuja un diagrama que se expande y que configura la génesis de las series y variaciones.

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