12 de marzo 2012 - 00:00

Independiente dejó a Boca sin nada

Farías, la gran figura del partido, festeja en el banderín del córner, con la hinchada de Boca a sus espaldas. El «Tecla» selló el agónico triunfo «Rojo» en el clásico.
Farías, la gran figura del partido, festeja en el banderín del córner, con la hinchada de Boca a sus espaldas. El «Tecla» selló el agónico triunfo «Rojo» en el clásico.
Independiente se quedó con un clásico inolvidable, al vencer por 5-4 en la Bombonera a Boca. A falta de cinco minutos, los de Avellaneda, que en el primer tiempo habían tenido ventajas de 2-0 y 3-1, perdían 4-3. Pero en ese lapso final apareció Ernesto Farías y dio vuelta el resultado. El Tecla se despachó con un hat-trick en el triunfo de los «Rojos».

Las múltiples fallas defensivas, de las que ambos sacaron el máximo provecho, le dieron goles y emoción al primer tiempo. Pegó primero Independiente, que ya a los seis minutos se encontró con una inesperada ventaja de dos goles: Patricio Vidal puso el 1-0 a los 37 segundos, tras capturar una pelota perdida en el área; y Osmar Ferreyra, de tiro libre y con la colaboración de Agustín Orión, amplió la diferencia. La crisis del «Rojo», que le costó el puesto a Ramón Díaz se disipaba en un puñado de minutos ante el último campeón.

Era, sin embargo, un espejismo: Boca se adueñó inmediatamente de la pelota y, con la imaginación de Riquelme, empezó a acercarse hasta el arco defendido por el juvenil Diego Rodríguez. Su arma predilecta: los desbordes de Gaona Lugo por la banda derecha. Roncaglia descontó a los 12m, y aunque Farías cortó su sequía personal y llevó la cuenta de Independiente a tres con un gran cabezazo, Riquelme construyó una definición deliciosa en el área, Ferreyra desvió la pelota en el área chica y Boca, empujado por su público, se fue al descanso con desventaja mínima.

Otros seis minutos del segundo tiempo le costó empardar al equipo de Falcioni, y fue otra vez Roncaglia que aprovechó el rebote en el palo de un cabezazo de Santiago Silva para poner el 3-3. Boca insistió en el dominio, mejor parado en el mediocampo, y siguió generando cierto riesgo en el área visitante. El peso natural, el desequilibrio, desembocó en lo previsible: gol de Boca. Riquelme habilitó en profundidad, Sánchez Miño picó y tiró el centro y Ledesma apareció con un cabezazo potente para el 4 a 3. Y cuando a Independiente no le quedaban reservas morales para revertir la historia, sucedió lo imprevisible: Boca tuvo dos lagunas en su memoria defensiva. Y Farías empató de cabeza y luego, tras error de Schiavi, la picó sobre Orión. Triunfo y delirio.