Índice y mentes, cansados

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No era ilusorio suponer que frente a las necesidades de lavar algo de la negativa imagen de 2011, los operadores del mundo procurarían sacar el máximo de utilidad a las pocas ruedas faltantes. Proviniendo todos del feriado posnavideño, el reinicio dejó nada más que desilusiones.

Una larga planicie se instaló en todas las regiones, más con propensión a la baja que a la recuperación de terreno. Además, dentro de una fuerte merma de negocios en centros principales, dando por sentado que para la gran mayoría 2011 está liquidado.

En toda Europa apenas si se movieron las agujas, carente de cualquier nuevo estímulo positivo en el contexto (y la reaparición de dudas y temores).

En Wall Street caminaron por el alambre de la neutralidad hasta poco del cierre y allí vino un toque correctivo, pero de baja del medio por ciento. Nuestro vecino San Pablo poseía una carta extra para poder utilizarla con cierto entusiasmo (su ascenso económico sirvió para un desganado margen del 0,6 por ciento de mejoría).

Finalmente, Buenos Aires y su propia carencia y sin tener nada para «copiar» de lo importado, salvo la meseta. Así fue al culminar el día, registró el Merval un descenso leve del 0,4 por ciento, con final de 2.457 puntos. Diferencias muy parejas, con 32 alzas por 29 caídas, entre líderes los títulos que son locomotoras del Merval produjeron negativo -en especial el 3,4 por ciento del Grupo Gali-cia-, y lo que quedó como destacable es que aquí el ritmo negociado partió en suba. Fueron $ 55 millones de efectivo en el «toma y daca». La Bolsa, pobre.

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