17 de diciembre 2009 - 00:00

Industria minera y medio ambiente

Cada tanto surge en nuestro ámbito cotidiano la preocupación sobre el ambiente y el impacto que la actividad humana suele provocar en su evolución natural. De destacarlo se encargan, además los medios de comunicación masiva, con notas y comentarios que no siempre cuentan con la imprescindible base técnica o científica.

Los casos del «agujero» de ozono y del supuesto «calentamiento» global constituyen ejemplos a nivel mundial, y las vecindades de la fábrica de carburo y las caleras de Los Berros, entre otras actividades, lo son a nivel local.

Esta situación pareciera conducir a un enfrentamiento ficticio entre el desarrollo industrial y el sentir ecológico intuitivo de la ciudadanía. La antinomia «industria vs. ambiente natural» carece de sentido, en un momento en que la economía global está tropezando con problemas de origen diverso y complejidad creciente.

Es hora de encarar este tema con la máxima comprensión, urgencia y pragmatismo, ya que el futuro depende de ello. No caben dudas de que el tema exige una exploración mucho más profunda de lo que este artículo puede alcanzar, pero la intención es intentar comprender el rol social y cultural del ambientalismo en nuestra sociedad ubicando en ese medio a la industria minera cuyo futuro ha llenado de esperanzas a los sanjuaninos.

En un trabajo de tesis editado en Engineering & Mining Journal (febrero de 1997) y realizado por Sharon Prager, colega de la Universidad de Stanford, se tomaron datos de una encuesta realizada en los Estados Unidos sobre la opinión favorable de la población respecto de las diversas industrias y otras actividades económicas.

La minería estaba penúltima, apenas con un 29% de opiniones favorables, discutiendo el último puesto con la industria tabacalera. Pero al desglosar de la encuesta los núcleos sociales de menor educación o cultura, las opiniones favorables suben al 67%, de donde se deduce claramente que una forma eficaz de mejorar la aceptación del público para la minería era elevar el nivel de educación general, lo cual ya sabemos que vale para todas las cosas. Pero eso es otra historia.

Otra de las conclusiones inmediatas de esta encuesta fue que la industria necesita comprender más profundamente el problema básico de los temas sociales y culturales con sus tendencias, de modo más sensitivo y con una perspectiva más «humanista», en contraposición con nuestra clásica «tecnicista».

Ello significa que los mineros debemos revaluar y readaptar las formas de encarar las relaciones comunitarias y los impactos sociales de cada proyecto, tanto en el momento de su evaluación inicial como durante toda su vida y más intensamente aún cuando debe decidirse el cierre y abandono de una explotación.

Los industriales deben comprender que para una inserción de tipo socio-cultural-ambiental necesitan de una opinión pública favorable; deben «vender» su presencia ante los «consumidores» del núcleo poblacional donde se instale la industria, tal como necesitan hacerla Carrefour o McDonalds.

Si el sentimiento del público hacia el ambiente natural es en verdad netamente emocional, influenciado casi siempre por una serie de creencias y valores subjetivos, la industria minera a su vez, se ha caracterizado por sostener un dogma similar pero opuesto, planteando que todas las cuestiones pueden ser resueltas con procesos objetivos técnicos y/o científicos.

Frente a un experto que se concentra en detalles técnicos, el habitante común se siente aislado, preguntándose cuál será el impacto ambiental sobre la población, qué pasará con sus hijos y cómo podrá verse afectado el futuro de la comunidad en general.

La mayor parte de quienes trabajamos en minería o en sus ramas afines, tenemos un respaldo técnico y una experiencia más o menos amplia, pero no somos necesariamente analistas sociales. Esta falta de experiencia en la arena social, da como resultado directo una opinión pública negativa, antagónica o, al menos totalmente sesgada, terminando en largos, cansadores y a veces extorsivos debates públicos, y en requisitos regulatorios onerosos.

Artículos sobre minería, conferencias, trabajos presentados a congresos o seminarios, se dedican casi exclusivamente a tratar sobre temas técnicos y financieros.

Cuando nos decidamos a incluir además, el aspecto socioambiental con idéntica frecuencia asignándole similar importancia, veremos que entonces la minería se pone a tono con los tiempos que corren y comienza a encarar, con toda la seriedad que realmente merece, el grave problema de cambiar las profundas tendencias emocionales de la opinión pública.



(*) Ingeniero en Minas.

Profesor emérito de la Universidad Nacional de San Juan.

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