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Industriales siguen reclamando por China
José Ignacio de Mendiguren
En ese sentido, este diario tuvo acceso a un memorando enviado el martes por Osvaldo Cornide, titular de la CAME (Confederación Argentina de la Mediana Empresa) a la ministra de la Producción, Débora Giorgi; allí se enumeran al menos seis casos de industrias afectadas por la competencia desleal de importados ingresados a valores de remate.
El documento detalla denuncias sobre la entrada de vajilla de losa, aparatos de calefacción eléctrica, tejidos de yute, la emisión de bonos fiscales para importar bienes de capital y -sobre todo- «solicitudes de investigación de dumping; se retrasan reuniones de avance y falta gestión ante el Ministerio de Relaciones Exteriores para que los agregados comerciales respondan a solicitudes de valores de los productos». En cada caso, en la columna «estado de situación», en el memo de Cornide se lee «aún no ha sucedido; nos informaron que estaba resuelto y que faltaba sólo la publicación en el Boletín Oficial, pero no ha sucedido; no se ha producido avance alguno; no se han verificado liquidaciones ni se informa fecha de liquidación de los bonos; se solicitaron alternativas de solución y aún no ha habido respuesta».
El documento interno exhibe el malhumor del sector pyme ante la inacción oficial por la falta de respuestas a lo que califican de «invasión chino-brasileña», dos economías que, por su volumen, con exportar apenas una fracción de sus excedentes de producción aplastarían a la industria nacional. «Hoy rige la subfacturación, los 'trámites de amigo', los containers mellizos...», agrega la fuente.
Por su parte, José Ignacio de Mendiguren, vicepresidente de la UIA y futuro secretario general de la entidad (a partir de 14 de abril) repite un argumento conocido: «Lo único que para a las importaciones a precio de dumping es el tipo de cambio alto. Cualquier otro método legal suele ser anulado por los pícaros que saben cómo hacerlo. Y es un hecho que buena parte de la mercadería que ingresa en esas condiciones termina en el circuito ilegal».
En este sentido, el dirigente empresario recuerda que su pelea contra la feria de La Salada -que hoy algunos reivindican como una fuente legítima de ingresos para los sectores más marginales- «casi me cuesta la vida: me tirotearon la casa, nos persiguieron, nos amenazaron...».
La dimensión del fenómeno La Salada -más otras ferias «truchas» que van surgiendo ante la inacción de las autoridades- se les escapa a los locales, pero impresiona a los visitantes. Es el caso de un altísimo ejecutivo de una empresa alemana de indumentaria que visitó el país hace algunas semanas. Los gerentes locales lo llevaron a La Salada, y el alemán no podía creer lo que veía: «He estado en lugares donde se vende ropa falsificada y de contrabando, pero algo de estas proporciones no existe en ninguna otra parte del mundo», les comentó a sus acompañantes.
Por ahora, y a pesar de los anuncios de que la línea de crédito por u$s 10.000 millones que habría otorgado a la Argentina el Gobierno chino no tiene relación con el comercio bilateral, los industriales argentinos siguen reclamando que al menos se cumpla con las medidas de protección que les garantizó el Gobierno de los Kirchner.
Una de ellas es la llamada «Cláusula de adaptación competitiva», que puede reclamar un empresario argentino cuando sienta que una importación pone en peligro su actividad. «Es muy compleja de aplicar; hay que demostrar que existe el perjuicio concreto o al menos la amenaza de daño grave para que el Gobierno aplique medidas como cuotas, aranceles más altos, etc. Es un mecanismo previsto en las normas del Mercosur, pero no sé si se aplicó en algún caso. Lo que hubo fueron acuerdos entre privados, pero que al final no se cumplieron. Es el caso del sector calzado», explica De Mendiguren.
Para China, en cambio, los empresarios piden la aplicación de los llamados «precios de referencia», que deberían ser lo suficientemente altos para que el monto a pagar para compensar algún posible dumping desaliente la importación. Sin embargo, dicen en la industria, esto sería evitado con los «containers mellizos». Las pruebas de la maniobra no son difíciles de hallar: basta un paseo por La Salada...


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