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Inédita polémica y reto al guía espiritual en el fin de la campaña iraní
• CURIOSO: EL NEGACIONISTA AHMADINEYAD COMPARÓ A LOS REFORMISTAS CON HITLER
Alí Akbar Hashemi Rafsanyani (izquierda), ex presidente y hombre de gran poder en el régimen iraní, lanzó ayer un inédito desafío al líder espiritual, Alí Jamenei. Reformistas (derecha).
«¿De dónde viene el dinero de su campaña?», contrarrestó Ahmadineyad en un debate, dirigiéndose a Musaví. «¿Cómo compró usted su casa?», le lanzó a Mehdi Karrubí, otro postulante reformista.
Ahmadineyad defiende los números oficiales de la economía cuestionados por la oposición. «¿Esto es mentira?, como la construcción de hospitales, el aumento del 70% del número de estudiantes, la construcción de tantas represas e incluso el desarrollo nuclear o la tecnología para enviar satélites», se preguntó reiteradamente.
El actual mandatario ultraislamista atacó también a la esposa de Musaví, Zahra Rahnavard, símbolo para las feministas locales, a la que acusó de haber obtenido ilegalmente su doctorado en Ciencia Política. «No es un asunto personal, ni de familia. Si alguien obtiene un diploma sin seguir el procedimiento, es ilegal, y quiero que la gente lo sepa», dijo el presidente saliente.
La presencia en las calles de los partidarios de Musaví, apoyado especialmente por la juventud de las ciudades, «es parte de una Revolución de Terciopelo», alertó Yadolah Javani, funcionario de la Guardia Revolucionaria, utilizando un término que fue ocupado para describir la revuelta sin violencia de 1989 en Checoslovaquia.
Ahmadineyad llegó a amenazar con encarcelar a los candidatos opositores después de las elecciones, debido a que sus «insultos» afectaron la autoridad presidencial. Pese a haber negado reiteradamente el Holocausto perpetrado por el nazismo, el mandatario desacreditó a sus adversarios comparándolos con Adolf Hitler. «Tales insultos y acusaciones contra el Gobierno son una vuelta a los métodos de Hitler, repiten mentiras y acusaciones hasta que todo el mundo cree esas mentiras», dijo con cinismo.
El fin de la campaña para dar paso a un día de reflexión coincidió con una intensa lluvia en gran parte del país. Ello no impidió que decenas de miles de iraníes participen de actos en las calles de Teherán y otras ciudades. Ahmadineyad encabezó manifestaciones con características festivas en los barrios del sur de la capital, los más empobrecidos. De su lado, Musaví realizó su último encuentro proselitista en la universidad de Lorestán, en el oeste del país.
Aunque la pelea mediática y los actos callejeros pueden remitir más a una realidad formal de las democracias occidentales, lo cierto es que la teocracia iraní invalida la comparación. Si bien es cierto que hay un margen para el debate en este país diverso de 72 millones de habitantes, un entramado de poder religioso, con el Guía Supremo en la cúspide, prevalece sobre básicos derechos políticos e individuales. Entre otras cosas, decenas de candidaturas son vetadas en cada elección, se censuran medios reformistas y ciertas políticas de Estado son fijadas más allá de las autoridades que emergen de las urnas, gusten o no.
Agencias Reuters, AFP y EFE


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