Ingresos por exportaciones caerían cerca del 45%

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Desde la esfera oficial, las transacciones son vistas como algo punible. Retenciones, impuestos a los movimientos bancarios, cierre de exportaciones, etc. son un cuchillo clavado en la estructura comercial. Y los resultados de este comportamiento antitransaccional no se hacen esperar.
La sequía ha azotado cruelmente al campo; es cierto. Pero también lo ha hecho la política económica, que habiendo encerrado a la actividad en un férreo y discrecional esquema de vigilancia y control, la ha aprisionado y desplazado su reconocido espíritu emprendedor.
La política procíclica que se aplica, en lugar de premiar la compensación, incentiva la acentuación de los desvíos. Cuando hubo vacas gordas no se guardó nada para cuando las vacas enflaquecieran.
La oferta productiva se ha resentido y, con ella, la capacidad de recaudación fiscal. La cosecha será la menor de los últimos doce años.
Si en la campaña 2007/08, la superficie sembrada fue de 32 millones de hectáreas, en la presente, ronda en torno de una superficie de 29 millones. La tendencia de crecimiento constante, a lo largo de años, se corta ahora. Contrariamente al objetivo declarado de la política oficial, la actividad se concentra más. Crece la soja en desmedro de los cereales, particularmente, del maíz. Del total sembrado, tan sólo 1/3 se destina a cereales; el resto va a dar a las oleaginosas, donde la soja es la que prima.
De las 96 millones de toneladas de la última campaña, ahora apenas se alcanzarán 70. Hasta hace poco más de un mes, se hablaba de una cosecha de soja de 49 millones; con suerte, se levantarán 40 millones. La cosecha de maíz, que el año pasado alcanzó un volumen de 21 millones de toneladas, no llegaría a 11, la peor en 20 años. Y la cosecha de trigo, ya finalizada, con un amargo resultado, ha bajado a la mitad, la más reducida de los últimos 25 años.
La campaña previa permitió el ingreso de 33 mil millones de dólares por exportaciones agrícolas. Para la presente, se estima una entrada de 18 mil millones de dólares. Sería una baja de aproximadamente el 45%. Es la resultante de una menor producción, donde la falta de alicientes jugó un papel de preponderancia, y de peores precios internacionales.
La leche y la carne son ejemplos macabros de la aplicación de «estrategias no estratégicas» dirigidas al corto plazo y al mercado interno.
La producción agraria habrá de disminuir su aporte impositivo y a la balanza comercial, también. De esta forma, las cuentas públicas y el superávit comercial tendrán suficientes problemas como para hacer de trampolín inflacionario. El monto recaudado por derechos de exportación bajaría de casi u$s 10.000 millones (2007-08) a tan sólo unos u$s 5.500 millones.
Los quebrantos en casi todas las actividades serán algo común.
Se acabó el tiempo de bonanza. El interior será el primero en sentir el impacto, quizás el más grave de las últimas 7 décadas.

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