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Inquieta la hipótesis de un ataque israelí
Sin embargo, mientras se diverge más o menos amablemente sobre el problema palestino, bajo la superficie asoma el que podría ser el combate de fondo: ¿qué hacer ante la posible emergencia de un Irán nuclear?
Es sabido que Obama insiste en ensayar una política de acercamiento con la República Islámica. Sin embargo, se acumulan los indicios de que, más tarde o más temprano, se encontrará ante una opción de hierro: confrontar en términos parecidos a los de George W. Bush o aceptar que Irán obtenga la bomba.
Amenaza
El Gobierno de Netanyahu rechaza de plano la segunda posibilidad, por entenderla como una amenaza existencial para Israel. Por eso es que vuelve con fuerza la hipótesis de un ataque israelí a las instalaciones nucleares iraníes, que significaría un intento de demorar varios años el programa atómico de Teherán. Una especulación que atravesó el tramo final del Gobierno de Bush, pero que hoy reverdece, además, por la impronta de nacionalismo duro del nuevo Gobierno hebreo.
En esa clave es posible entender declaraciones realizadas en los últimos días por altos funcionarios estadounidenses, como el jefe del Pentágono, Robert Gates, y el vicepresidente, Joseph Biden, quien ha recibido de Obama amplias atribuciones en materia de política exterior.
En un hecho más que sugestivo, Gates dijo el 2 de este mes que «me sorprendería que Israel actuase este año», a la vez que recordó que su país y el Estado judío «aún tienen tiempo para convencer a Irán de que no cruce la línea roja». ¿Cuánto tiempo? «No lo sé. Tal vez un año, dos, tres», completó.
Biden, por su parte, sorprendió al afirmar a la CNN que «no creo que el primer ministro Netanyahu haga eso (atacar a Irán). Pienso que estaría mal asesorado si lo hiciera». Atrás parecen haber quedado los tiempos en que
Israel y Estados Unidos hablaban con una sola voz.
Indicio
Mientras, el Estado judío dio el martes un indicio más contundente al realizar una nueva prueba de su interceptor de misiles Arrow II, ahora mejorado para operar a mayor altura y distancia. En el test, el cohete, lanzado desde un avión, logró interceptar un misil que simuló ser un Shehab iraní. La información de prensa del Ministerio de Defensa indicó que el 90% de las pruebas realizadas hasta ahora han sido exitosas.
Un sistema eficiente de intercepción de misiles sería parte indispensable de cualquier ofensiva israelí contra los reactores iraníes, habida cuenta de la masividad y violencia que podría cobrar la respuesta desde la República Islámica, potencialmente catastrófica para un país pequeño como Israel.
En ese escenario bélico, nadie puede asegurar que Estados Unidos no se vea arrastrado a un conflicto que hoy no da ningún indicio de desear. Y que se sumaría a los dos frentes
bélicos que mantiene abiertos -Irak y Afganistán-, que ya suponen una carga difícil sobrellevar para unas arcas fiscales exhaustas por el esfuerzo de rescatar la economía de la recesión.
Todo es por ahora una hipótesis. Y también un posible escenario de pesadilla, capaz de entregar impredecibles consecuencias y de parir un mundo todavía difícil de imaginar.


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