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Intensa lucha de opuestos tiene a los actores ideales
Beatriz Spelzini, actriz de intenso dramatismo que se entrega a la seducción y el paso de comedia con igual profundidad, y un carismático Pablo Alarcón animan la inteligente puesta de Cristian Drut de “El beso”.
El encuentro casual entre una mujer con posible cáncer de mama y un guionista de televisión -animoso, conversador, inclinado al alcoholismo y en plena crisis familiar- da pie a una sugestiva historia de amor de aires chejovianos.
Para ambos protagonistas la felicidad siempre estuvo en otra parte o fuera de sus posibilidades, hasta que por azar, coinciden en un paraje; él busca inspiración en la naturaleza, ella deambula por el campo antes de su cita médica. Tras un breve preámbulo terminan compartiendo una suerte de peregrinaje por el ondulado sur de Holanda.
Esta pieza de Ger Thijs, estrenada en el marco del programa de intercambio cultural entre Amsterdam y Buenos Aires "BUE AMS 2013", se desarrolla como una larga conversación en la que van apareciendo, a su debido tiempo, las más variadas emociones y sentimientos (deseos olvidados, verdades omitidas durante mucho tiempo y una tardía autocrítica que deja el alma al desnudo).
Cada escena equivale a una estación del camino (con sus referencias topográficas, climáticas y temporales) y en ese marco bucólico representado con una escenografía de líneas abstractas y gran atractivo plástico, brilla la subjetividad de los protagonistas. El hombre ve en esta solitaria excursionista a una compañera todavía apetecible a la que corteja con paciencia de cazador y de a ratos espanta con su temperamento impulsivo. No es fácil erotizar a una mujer que imagina a su cuerpo ya mutilado mientras muestra el escote con coquetería. Pero estos intentos de seducción, a él le permiten introducir (también para beneficio propio) cierta cuota de esperanza y vitalidad donde antes sólo había insatisfacción, miedo y desencanto.
El director Cristian Drut planteó su puesta como una lucha entre opuestos (vida-muerte, comedia-drama, entusiasmo-nostalgia, energía-enfermedad, erotismo-represión) y eso le aportó mayor carnadura a un texto de acción mínima.
Drut contó además con dos intérpretes ideales: Beatriz Spelzini, una actriz de intenso dramatismo que aquí se entrega a la seducción y al paso de comedia con la misma profundidad. Y Pablo Alarcón, un galán maduro y carismático que suaviza con humor las situaciones más patéticas.


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