7 de mayo 2010 - 00:00

Internas 2011 sin reglamentar ponen en alerta a peronistas

Néstor Kirchmer
Néstor Kirchmer
En Casa Rosada juran que el régimen se aplicará en 2011. En La Plata, Daniel Scioli avisó anteanoche que ordenó acelerar el proceso de reglamentación. Sin embargo, a más de seis meses de su sanción, las primarias -tanto nacional como bonaerense- son cascarones vacíos.

La demora, que en Gobierno atribuyen a la complejidad de la norma -anticipan que habrá varios decretos, una especie de reglamentación en cuotas-, alienta especulaciones múltiples. El más repetida, dentro y fuera del peronismo, refiere a que Néstor Kirchner no emitió un dictamen definitivo sobre la conveniencia o no de las internas abiertas.

El interrogante es lógico. En la última década, el peronismo -en sus distintas variantes- diseñó a su antojo el dispositivo electoral. En 2003, fue con tres candidatos; en 2005 se partió en dos bloques; en 2007 inventó la transversalidad y multiplicó las colectoras.

El invento de 2009, las candidaturas testimoniales, resultó infructuoso y un mal regreso electoral para el oficialismo. Sin embargo, en la matriz del régimen de primarias abiertas, obligatorias y simultáneas, estuvo el interés inicial de Kirchner de montar un sistema que lo prepara para, incluso, una eventual derrota.

Desde entonces, se modificaron algunas variables. En el planeta K renació la fantasía de una reelección, el peronismo disidente se fracturó en varios espacios y la mayoría los referentes del PJ enfrentados con Kirchner avisó que no irá a la interna peronista.

En el PJ surgen interrogantes sobre la conveniencia o no de aplicar el sistema de primarias. ¿Cuál es el beneficio de ir a una interna que, salvo Das Neves, parece dejar a Kirchner sin competidor? ¿No sería mejor atomizar a la oposición en vez de reducir la cantidad de candidatos?

En la respuesta a esos dilemas estará el impulso final, o el definitivo congelamiento, de la ley. El atajo, obvio, es la Justicia: así como Servini de Cubría rechazó planteos contra la norma, no faltará algún juez que las declare inconstitucionales.

El destino último aparece atado a las tres hipótesis que se construyen en el peronismo K. Todas contemplan, con la foto estática de mayo 2010, al patagónico como candidato a presidente. Las opciones que sugerían algún plan B se fueron diluyendo.

Veamos:

  • Con una intención de voto que, proyectada, ronda el 30%, Kirchner podría beneficiarse con la diversificación de la oferta electoral de la oposición porque -sostienen algunos dirigentes- la atomización dividiría el voto anti-K, y todos los rivales del patagónico quedarían por debajo de los 20 puntos, con lo cual Kirchner podría encarar la segunda vuelta embalado por haberle sacado varios cuerpos de distancia a su inmediato seguidor. Según esta mirada, lo conveniente sería que no haya interna para que lleguen muchos competidores a la primera vuelta.

  • Esa teoría no soluciona, a simple vista, el problema principal: aunque brota como el candidato con mayor intención de voto (sólo Francisco de Narváez y Mauricio Macri, en algunos escenarios, lo superan por décimas), todos los pronósticos dan a Kirchner como perdedor, ante cualquier rival, en un eventual balotaje. En ese caso, el Gobierno podría especular con que la primaria deje en la cancha a pocos candidatos que en la pulseada por llegar a la segunda vuelta (montados sobre la idea de que el que lo logre derrotará a Kirchner), los opositores se dañen entre sí y le permitan al Gobierno soñar con sobrevivir, incluso, en el balotaje. En ese caso, la primaria serviría para despejar el camino porque achicaría la oferta.

  • La tercera mirada sugiere que la interna le daría impulso al PJ y lo posicionaría, una vez más, como «partido de poder». Pero para eso sería necesario que uno o más de los dirigentes del peronismo disidente (Duhalde, De Narváez o Solá) entren a la primaria y permitan ampliar el caudal de votos del Gobierno con la incorporación de los porcentajes que se fugaron, en 2009, a versiones no K.
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