Esta historia de dos adolescentes en la Segunda Guerra Mundial comienza en 1944 cuando los Aliados bombardean la ciudad amurallada de Saint-Malo, "la joya más luminosa de la Costa Esmeralda de Bretaña, Francia, que quedó completamente destruida. De los 865 edificios que había sólo quedaron en pie 182, y todos dañados en algún punto". En uno de esos edificios está Marie-Laure LeBlanc una chica ciega que colabora con la Resistencia, y en otro, cinco calles más allá, se esconde el soldado alemán de 18 años Werner Pfenning. Ahí se vuelve a 1934, y se va sabiendo en paralelo, en un ping-pong narrativo, de esa chica y ese muchacho.
En París, Marie-Laure, hija de un atento padre que quedó viudo, cerrajero mayor del Museo Nacional de Historia Natural, a los 6 años se vuelve ciega por cataratas. Su padre le ayudará a aprender Braille y construye una maqueta de la ciudad para que Marie-Laure sepa, a través del tacto, cómo andar por ella. A unos 500 kilómetros, en un yacimiento de carbón a las afueras de Essen, en Alemania, está Werner, de 8 años, con su herma menor, Jutta. Quedaron huérfanos luego de que su padre murió en una de las minas. Werner tiene el pelo casi blanco, no es albino, es un perfecto ario.
Un día encuentra en la basura una radio rota y la repara para asombro general. Ese sobrenatural talento para reparar, armar y utilizar radios será tomado en cuenta. Lo llevará a ser parte de la Juventudes Hitlerianas, y más tarde a puestos de combate para detectar las emisiones radiales del enemigo. Previamente será adoctrinado, embrutecido, deshumanizado. En el Museo donde trabaja el padre de Maria-Laure está guardado "Mar de Llamas", el más grande diamante que se halla visto jamás. Lleva una maldición: salva la vida de quien lo tiene, pero mata a quienes esa persona quiere.
Cuando las tropas de Hitler invaden París, el padre de Marie-Laure toma a su hija y escapa con el "Mar en llamas" hacia Saint-Malo donde tienen parientes. A partir de allí comienzan las peripecias, la espera del momento en que esos dos adolescentes atrapados por la guerra van a encontrarse. Es la radio, esa sin la que según Goebbels el nazismo no hubiera podido tomar el poder, la que va a enlazar a Marie-Laure y Werner. En Saint-Malo los dos están en la oscuridad: Warner en un sótano, en plena mutación de su conciencia, Marie-Laure en su ceguera. La radio les lleva "la luz que no puedes ver".
Hay aventuras, atractivos personajes secundarios, tragedias, traiciones y redenciones. Y "Mar en llamas" agregará un thriller a una historia que nunca cae en el obvio romance de los protagonistas. El Mayor Van Rumpler, que colecciona tesoros para el Tercer Reich, tiene personal interés en el "Mar en llamas", está enfermo y cree que ese diamante va a salvarle la vida, y sabe que lo tiene el padre de Marie-Laure. Saltando a 2014 la historia tiene un epílogo esperanzador de la vejez de uno de los protagonistas.
Con esta novela, Anthony Doerr conquistó el prestigioso Premio Pulitzer de Ficción 2015. Construyó un artefacto narrativo industrial que lleva a pasar páginas sin parar. Es una historia sentimental, emotiva, escrita de modo simple, que arrastra mediante el vaivén entre los dos protagonistas. Y cada tanto hay una cuota de realismo mágico. Es la narrativa de los tiempos digitales en los que los lectores tienen poco tiempo y el libro compite con otras atracciones. Los capítulos no superan las dos páginas, y llevan un título que agrega conceptos a la composición.
En "Los libros en mi vida", Henry Miller decía que había armado en su casa un lugar para ir leyendo día a día ese tipo de libros, que los llevaba en los viajes. Ese tipo de obras en el último tiempo no han dejado de crecer. Se le podría cuestionar a Doerr que haya una sola mención de la Shoa en 658 páginas, que la persecución a los judíos no tenga lugar en su obra. Acaso pensó que está en demasiados libros; que en el fondo los enfrentados, salvo alguna excepción, son gente buena; que pareciera importarle más la superficialidad emotiva que la profundidad dramática de la mayor tragedia del siglo pasado.
| Máximo Soto |



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