12 de noviembre 2010 - 00:00

Investigan denuncia de intento de captura de diputadas opositoras

De todas las miserias políticas que sobrevolaron al Congreso argentino en su historia reciente, pocas llegaron a tener la escandalosa contundencia de las denuncias que se escucharon en la madrugada de ayer en el recinto de Diputados. Ni siquiera en medio del melodrama de las coimas en el Senado se había escuchado a legisladores denunciar intentos de soborno por celulares en medio de una sesión.

La sesión para debatir el Presupuesto 2011 venía complicada desde el inicio. El kirchnerismo sólo aceptaba aprobar el proyecto propio o, lo que para el Gobierno es mejor, que no se votara nada. En ese tren estaba la sesión cuando Felipe Solá, viendo que los números no le cerraban a ninguna de la fuerzas en el recinto, pidió que se votara un cuarto intermedio, que ganó el oficialismo.

Fue en ese momento que comenzó a quedar en evidencia que en las bancas opositoras había demasiados claros, diputados que habían desaparecido. Los nombres de los abducidos y pasados a un limbo en el que nadie podía ubicarlos comenzaron a ser el comentario en los pasillos. Hasta allí parecía efectiva la acción del oficialismo que, al no poder sumar votos positivos, optó por una carrera desesperada para sacar opositores de las bancas.

Hasta entonces, y a pesar de la denuncia previa de Elisa Carrió sobre negociaciones entre el radicalismo y el Gobierno (un nuevo Pacto de Olivos a cumplir mediante la «gran Jaroslavsky», es decir, el retiro de opositores para ayudar al oficialismo), la madrugada transcurría complicada pero sin estallidos.

Pero a las 2.30 y tras un pedido de Patricia Bullrich, Cynthia Hotton, del monobloque Valores para mi País, pasó a la historia como la primera denunciante de un presunto intento de coima on line: «Me han ofrecido algo por teléfono. No voy a mencionar quién, porque a esa persona la valoro. Me dijeron que mis proyectos no son nada al lado de lo que me podían ofrecer», dijo.

Como mínimo, el temerario intento de sobornar, casi al voleo, parece más de una fuerza en decadencia que de un poder en pleno apogeo: lanzar una gestión de ese tipo sin tener la seguridad de la respuesta del destinatario conlleva el riesgo, como dice el tango «Las Cuarenta», «de que te bauticen gil». Y parece que algo de eso sucedió esa madrugada en el recinto.

Hubo acusaciones contra Patricia Fadel, como autora de ese llamado, nunca confirmadas en el recinto, y un largo mensaje de Hotton, siempre en tono evangélico, sobre su irreductible decisión de no dejarse sobornar.

No había pasado el susto cuando la radical por Santa Cruz Elsa Álvarez se sumó a las denuncias. Relató en el recinto que le ofrecían reunirse con «un importante funcionario del Gobierno» a cambio de que se «retirara del recinto». Fue el comienzo del final. Carrió se abalanzó al micrófono pidiendo una cuestión de privilegio para que se investigaran los supuestos intentos de soborno. No era para menos. Ese trámite comenzará en la Comisión de Asuntos Constitucionales el miércoles a las 10 bajo el comando de Graciela Camaño en la Comisión de Asuntos Constitucionales, aunque ya se lo anticipa como de difícil resultado ya que las involucradas aclararon que no aportarán más pruebas.

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