11 de febrero 2009 - 00:00

Irán exige que Obama pida perdón si quiere dialogar

El islamista Mahmud Ahmadineyad habló ayer en una plaza del sur de Teherán. La multitud que lo escuchó, pese a todo el aparato oficial, fue menor que la esperada.
El islamista Mahmud Ahmadineyad habló ayer en una plaza del sur de Teherán. La multitud que lo escuchó, pese a todo el aparato oficial, fue menor que la esperada.
Teherán - Con tono desafiante y advertencias, el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad dijo que aceptaría un diálogo con la nueva administración estadounidense siempre que éste sea «de igual a igual». Ante una multitud congregada en Teherán que celebraba el 30º aniversario de la Revolución Islámica, el mandatario islamista celebró que «el pueblo iraní
ha logrado imponer su voluntad» y reclamó a Estados Unidos que pida «disculpas por los crímenes cometidos»
.
«La administración estadounidense ha anunciado que quiere cambiar y optar por el camino del diálogo. Ese cambio debe ser fundamental y no solo táctico», reiteró el mandatario en discurso pronunciado en la famosa plaza de Azadi (Libertad), que presentaba menor asistencia que la esperada.
«El pueblo iraní recibe con beneplácito estos cambios y está preparado para el diálogo, pero en un ambiente justo, lógico y de respeto mutuo», agregó.
Ruptura
Irán y Estados Unidos rompieron lazos diplomáticos en 1980, tras el triunfo del alzamiento popular contra la monarquía autoritaria del último sha de Persia, el prooccidental Mohamad Reza Pahlevi.
Sin embargo, las raíces del conflicto se remontan a 1953, fecha en la que un golpe de Estado planeado y ejecutado por la CIA, e instigado por el Reino Unido, derrocó el Gobierno democrático del primer ministro nacionalista Mohamad Mossadegh y devolvió el poder absoluto al sha. En los últimos años, la relación volvió a tensarse por el desarrollo del plan nuclear iraní, su rechazo a los controles internacionales y las posturas negacionistas del Holocausto y contrarias a la existencia de Israel de Ahmadineyad.
El lunes, Barack Obama reiteró que su administración está lista para tender la mano a Irán y expresó su deseo de que en los próximos meses se cree la atmósfera adecuada para «sentarse a una misma mesa, cara a cara».
Primer paso
Convencido de que la oferta estadounidense es fruto de la fortaleza de la República Islámica, Ahmadineyad insistió en que debe ser la Casa Blanca la que mueva la primera ficha, retirando las tropas de Irak y pidiendo disculpas al pueblo iraní «por los crímenes cometidos» en el pasado.
«Estados Unidos se ha percatado de que no sirve la fuerza y por eso ha optado por cambiar. Durante muchos años han intentado oponerse a Irán y no lo han conseguido. El pueblo iraní ha logrado imponerles su voluntad», subrayó el mandatario.
«Voy a revelar algo. Hoy día Irán ya no está bajo la sombra de la amenaza. La amenaza se ha acabado. En muchas ocasiones han hecho planes y se han desplegado para atacar. Dijeron, primero Afganistán, luego Irak y después Irán, pero no pudieron», agregó.
En este sentido, el presidente iraní insistió en que ni siquiera las sanciones «más duras de la historia» han conseguido doblegar en las últimas tres décadas el espíritu y la determinación de la República Islámica. «Les digo hoy con orgullo, la nación iraní es una verdadera y genuina superpotencia que ha alcanzado las cimas de la tecnología a pesar de que otros países trataron de impedirlo» como demuestra el satélite enviado al espacio la semana pasada, proclamó Ahmadineyad entre gritos de Alah Akbar (Dios es el más grande). El discurso del presidente, en apariencia conciliador pero muy firme, contrastó con el despliegue propagandístico previo escenificado por el régimen, que movilizó a miles de voluntarios y voluntarias islámicos Basij para llenar la plaza.
Los actos finales del 30º aniversario del triunfo de la Revolución arrancaron con una exhibición de paracaidismo, seguida por una proclama en la que el régimen de los ayatolá proyectó su versión más dura y combativa.
En ella, el régimen estableció tres condiciones imprescindibles para cualquier diálogo: el respeto al derecho de Irán a desarrollar la energía nuclear, la liberación de los fondos iraníes congelados en entidades financieras extranjeras y el levantamiento del embargo internacional.
Concluida la proclama, y antes de que Ahmadineyad tomara la palabra, uno de los presentadores asió el micrófono y con denodada pasión gritó varias veces: «Muerte a Estados Unidos, muerte a Israel».
Como en los días de la victoria, hace ya treinta años, el eco se propagó por toda la plaza, menos llena, espoleado está vez por algo más de 30.000 gargantas.
Agencias EFE y ANSA

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