15 de junio 2009 - 00:00

Irán, ante un novedoso quiebre

Teherán - Las acusaciones de manipulación que empañaron la reelección del presidente conservador iraní, Mahmud Ahmadineyad, y los posteriores disturbios y arrestos de reformistas constituyen una dinámica política peligrosa para Irán, señalaron analistas.

«No esperaba que se ignoraran las expectativas de la población y se proclamara un presidente de esta manera», declaró el analista político Sadegh Zibakalam.

El viernes por la noche, poco después de que Mir Husein Musaví, principal rival de Ahmadineyad, reivindicó la victoria, la agencia oficial Irna anunció la del presidente saliente.

Con gran celeridad, el Ministerio del Interior publicó los resultados, que daban una victoria aplastante a Ahmadineyad (62,6%) frente a Musaví (33,7%).

Según Zibakalam, las autoridades «deberían haber sido más prudentes, y el guía supremo Alí Jamenei podría haber pedido un control de los resultados».

Pero la máxima autoridad del Estado, que apoyaba más o menos explícitamente a Ahmadineyad antes de la cita electoral, saludó su reelección como «una gran fiesta».

«El guía ha tomado una decisión histórica», comenta el analista reformista Said Leylaz, que le atribuye la responsabilidad del resultado proclamado por las autoridades. «El viernes definió el camino de los diez próximos años», añade.

El ex consejero del presidente reformista Mohamed Jatami, Mohamed Alí Abtahi, no tiene ninguna duda de que la elección «fue amañada», y según él «se pueden encontrar pruebas».

Según Leylaz, la impresión de muchos iraníes de que su voto ha sido ignorado tendrá muchas consecuencias sobre la legitimidad de futuras elecciones.

«Ahora, el término 'trampa' ha entrado en el vocabulario político del país», y «algunos se preguntan para qué sirve elegir a un presidente», explica.

Paradójicamente, esta victoria podría debilitar la posición del presidente, incluso entre los conservadores.

En un editorial, Aftab e Yazd, un diario reformista moderado, observa que durante su anterior mandato, «algunos diputados conservadores de primera línea han limitado sus críticas en nombre de la unidad». «Pero ahora, ni la 'sharia' (ley islámica) ni el interés nacional justifican que se mantenga esa conducta», añade.

Para Leylaz, «el Gobierno de Ahmadineyad estará debilitado en el plano interior y exterior», y teme que por ello «Irán esté más aislado y sea quizá más agresivo».

El analista pronostica que los disturbios pasarán, «pero habrá un clima de desesperanza que se expresará en otros ámbitos».

Desde el sábado, las autoridades se esfuerzan en convencer a la población de que los disturbios han sido organizados por los opositores políticos a Ahmadineyad.

Kazem Anbarlui, editorialista del diario conservador Resalat, dijo que los manifestantes eran «sencillamente oportunistas», pertenecientes a «una minoría», y que los reformistas detenidos por la Policía el sábado son «probablemente» los organizadores de los disturbios.

Pero el analista Sadegh Zibakalam rebate esa opinión, destacando la participación masiva de la población en las manifestaciones nocturnas y pacíficas que tuvieron lugar tras los comicios.

«La gente que salió a la calle por la noche llevaba una demanda social y política reprimida, y no se les puede decir brutalmente que el picnic se ha terminado y que hay que volver a casa», dice Zibakalam.

Agencia AFP

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