31 de julio 2013 - 00:00

Irónico responso a los intelectuales franceses

Irónico responso a los intelectuales franceses
*Alain Minc, "Una historia política de los intelectuales", (Barcelona, Duomo Perímetro, 2012. 487 págs.)

Se podría considerar que el intelectual surge con Los Siete Sabios de Grecia, y que si se trata de la relación entre reflexión y política, eso ya está en Platón y Aristóteles, y hasta en la cicuta mortal de Sócrates. Se puede pensar que Ciceron hizo sus aportes al respecto en la Roma de los Césares. Y que siguen vigentes las reflexiones de Maquiavelo. Pero para Alain Minc "el intelectual que piensa el mundo, en el que las palabras son actos, las ideas, armas, y las teorías, cánones, es igual que la diversidad de quesos, la variedad de los paisajes o la pasión por las revoluciones, una especialidad muy francesa". A partir de ahí recorrerá de forma amena, polémica, irónica, divertida lo que se podría titular "una historia política de los intelectuales franceses", si no fuera que muchos de esos "amos del pensamiento" han tenido una enorme influencia internacional, y de forma notable en algunos argentinos, de Rousseau a Foucault o Bourdieu.

En 1760 Voltaire, "tan seductor como cuestionable, tan brillante como superficial", el primer intelectual militante, escribe que "el gran mérito de Francia, su único mérito, su única superioridad, es un pequeño número de genios sublimes, o amables, que hacen que hoy día se hable francés en Viena, en Estocolmo y en Moscú. Es en el siglo XVIII que el "pensador" se sitúa del lado del poder (Minc fue asesor de Sarkozy) o en su contra, haciendo de la defensa de los oprimidos un valor indiscutible. La defensa de "Los miserables", los ofendidos y humillados, lleva a Victor Hugo a convertirse en político profesional, cosa que no sucede con otros miembros de la misma barricada, como el inglés Dickens o el ruso Dostoievski. Minc decide "atacar a la corporación más poderosa de Francia a lo largo del tiempo", que ve en retirada, preguntándose: "¿por qué los intelectuales franceses piensan de manera cada vez más equivocada, a medida que pasan las décadas?". Se detiene en los grandes hitos, sin dejar de mencionar los miembros de la "baja intelligentzia", Muestra que es a la feminista Flora Tristán, y no a Marx, que se le debe la idea de "conciencia de clase"; que el caso Dreyfus lleva a Zola a ser intelectual combativo; que Gide fue el primer intelectual "comprometido": y que "cazar en manada es siempre una ventaja, Sartre sin Simone de Beauvoir y sin su corte no habría podido llevar a cabo semejantes idas y venidas políticas con mínimo costo: ningún otro intelectual se balanceó tanto ideológicamente"; el último exponente de "una raza en extinción" sería el filósofo Bernard Henry Levy que supo moverse en la onda todoterreno.

La influencia política de los intelectuales, sostiene Minc, ha entrado en franca decadencia. "La caída de las grandes utopías dificulta la postura cómoda de defender algo a capa y espada como si fuera un bien absoluto, de movilizar a fieles y a enemigos", y se pregunta si es que "¿hay escasez de talentos o es la función la que ha cambiado de naturaleza con la caída del comunismo, la omnipotencia de la economía y la irrupción de internet?". Y prevé el surgimiento de los "e-intelectuales" en "un universo trepidante donde no existe ya la primacía de la palabra famosa, ni canal vertical de difusión, ni autoridad implícita" pero que tiene movimientos sociales nacidos de la red tan poderosos que han sido capaces de derrocar gobiernos.

Alain Minc es ingeniero, economista, politicólogo, director de empresas, y un ensayista que lleva escritos más de treinta libros, con un promedio de uno por año. En un par de ellos lo han acusado de plagio, algo tan comprensible en alguien con tantas actividades como que utilice "documentadores" para escribir sus obras. Lo interesante es que sus libros, que resultan instructivos, amenos, estimulantes, controversiales, lo colocan entre los miembros de la corporación a la que le reza un hábil responso.

M.S.

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