11 de febrero 2010 - 00:00

Japón enfrenta una encrucijada

Luego de sufrir una de las peores recesiones de posguerra, con cuatro caídas trimestrales consecutivas del producto, la economía japonesa recientemente ha logrado salir de su recesión técnica.

En efecto, en el segundo y tercer trimestre de 2009 registró crecimientos del 2,7% y 1,3%, respectivamente; y se estima una expansión no menor que el 3,5% para el último período. De todos modos, la caída interanual 2009/2008 no será menor que el 5%.

A los efectos de analizar el escenario futuro de esta economía (la segunda en el ranking mundial, luego de EE.UU.), se hace necesario recordar que hacia mediados de 2008 -con el objetivo de salir de su por entonces proceso recesivo-, las autoridades económicas implementaron correctas y agresivas políticas anticíclicas: monetarias (baja de la tasa de referencia al 0,1% y fuerte inyección de liquidez al sistema bancario), fiscales (incremento de la inversión pública y rebaja de impuestos por 400.000 millones de dólares, equivalentes a un 8% del producto) y de «relajamiento monetario» (compra por parte del Banco de Japón -BoJ- de títulos públicos y privados de deuda, por montos del orden de los 150 mil millones).

Incertidumbre

Ahora bien, ¿la salida de la recesión técnica significa que la economía japonesa se halla en condiciones de convertir su actual recuperación en un sendero de crecimiento sostenido, con estabilidad de precios? La respuesta, en el mejor de los casos, es incierta. En efecto, el futuro presenta las siguientes dificultades:

  • La eventual profundización de las políticas de estímulo tiene claras restricciones. En lo que hace a las medidas monetarias, la tasa de interés permanece en el 0,1% sin ningún margen de maniobra; asimismo, las inyecciones de liquidez ya han cumplido su cometido de dar suficiente «colchón» de caja al sistema financiero. Respecto del área fiscal, el aumento del gasto se halla fuertemente limitado por el crónico déficit público, el cual ya se aproxima peligrosamente al 10% del producto, sumado a una voluminosa deuda. Por su parte, recientemente, el BoJ ha decidido interrumpir su política de «relajamiento monetario», sosteniendo que ésta ya ha cumplido su cometido y que -por lo tanto-, de continuar con la compra de títulos públicos, lo único que estaría haciendo sería financiar el déficit con emisión.

  • La deuda pública ha crecido significativamente, acercándose peligrosamente a un 200% del producto, récord para los países de la OCDE.

  • En los últimos 15 meses, el yen se ha revaluado un 20%, con la consecuente pérdida de competitividad de sus exportaciones.

  • El mercado laboral presenta una clara situación de debilidad, con una tasa de desempleo del orden del 5,5%, muy elevada respecto de los estándares de Japón.

  • Los niveles de consumo interno no presentan el vigor necesario como para reemplazar, al menos por ahora, a las exportaciones como un factor dinámico de crecimiento.

  • El proceso de deflación, que comenzó en enero de 2009, aún se mantiene en el orden del 2%.

  • Poco o nada se ha avanzado con los problemas estructurales: excesiva burocracia pública, corrupción, elevada inflexibilidad laboral y creciente desbalance de la seguridad social, entre otros.

    Para completar este sombrío panorama, a fines de enero Standard & Poors bajó su calificación de AA «Estable» a «Negativa», lo cual significa que -de no mediar cambios sustanciales en la política macroeconómica- es altamente probable que dentro de los próximos 12 meses la economía japonesa sufra una nueva degradación.


  • Ante este escenario, es evidente que las autoridades se enfrentan a una difícil situación. En efecto, les resulta imperioso convertir la actual recuperación con deflación en un sendero de crecimiento sostenido con estabilidad de precios (entre el 1% y el 2% anual, según el target del BoJ). A este respecto, ¿bastará con mantener las actuales políticas o será necesario profundizarlas? En este último caso, se debería tomar la decisión de enfrentar las limitaciones ya mencionadas de los instrumentos de política macroeconómica aún disponibles (gasto público, relajamiento monetario y revaluación del yuan) y, además, «soportar» las consecuencias negativas de corto plazo.

    Dejá tu comentario