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Jared Loewenstein: el guardián de Borges
El bibliotecario e investigador Jared Loewenstein custodia una de las más importantes colecciones de primeras ediciones, documentos y manuscritos de Borges que hay en los EE.UU.
De esa fascinación surge ahora el film que Montes-Bradley rueda en estos días, «Borgess Keeper», dedicado a tal vínculo, que la productora Soledad Liendo compara con la novela de Antonio Skármeta «Ardiente paciencia», que dio lugar a «El cartero de Neruda». «En nuestra película», dice Liendo «el cartero es un bibliotecario investigador cuya vida se vio radicalmente afectada por su encuentro con Jorge Luis Borges».
El departamento de Colecciones Especiales de la UVA (Universidad de Virginia) posee una de las colecciones más importantes de las obras de Borges en los EE.UU,, quien hoy cumpliría 112 años. Entre sus piezas existen ejemplares de todas sus primeras ediciones, aun las de aquellos libros que el autor decidió retirar de circulación y de los que sólo sobreviven no más de cuatro o cinco copias en el mundo. Entre los manuscritos, figuran las nueve páginas de «Viejo hábito argentino», publicado posteriormente como «Nuestro pobre individualismo» en «Otras Inquisiciones». Las mayores rarezas son algunos poemas inéditos, como uno que Borges terminó descartando de «Fervor de Buenos Aires», su opera prima de 1923.
Al frente del tesoro está Loe, el bibliotecario, el cartero, el guardián de Borges. Sobre él, y sobre la película, dialogamos con Montes-Bradley.
Periodista: ¿Cómo llegó hasta Loewenstein y qué fue lo que más lo atrajo de su personalidad para rodar este documental?
Eduardo Montes-Bradley: Mi relación con Jared se remonta a 1999, cuando llegué invitado a la Universidad de Virginia para presentar «Harto The Borges» y participar de una conferencia. Desde entonces hemos quedado en contacto, y a partir de mi traslado a Charlottesville ese contacto se hizo más cordial, más frecuente.
P.: ¿La Universidad de Virginia es el mayor depositario de la obra y textos de Borges en los Estados Unidos?
E.M.B.: Es difícil ponerlo en esos términos. Existen en los EE.UU. tres colecciones importantes. La de Notre Dame, en Indiana; la de la Universidad de Texas, en Austin; y la de la Universidad de Virginia. La importancia de cada colección está dada por los requerimientos del que indaga. A mí, particularmente me atrae ésta, sobre todo en lo que respecta a los manuscritos inéditos.
P.: ¿Cómo empezó a formarse esa colección?
E.M.B: Todo comenzó con un viaje de Jared a Buenos Aires. El propósito era adquirir libros y documentos para la biblioteca. De regreso en Charlottesvile, varios meses más tarde, recibe el llamado de un librero que le ofrece la colección de un amigo de Borges. Sé que se trataba de un poeta, pero el nombre aparecerá seguramente revelado en algún momento a lo largo del documental. El cómo llegaron los libros de Buenos Aires a Virginia resulta una historia más complicada que la del violín rojo.
P.: ¿Loewenstein es sólo curador o también promueve la lectura y mejor conocimiento de Borges? En la página web de la UVA se dice que Borges contribuyó con la tradición literaria latinoamericana, el «realismo mágico», cosa que a él lo hubiera indigestado.
P.: Lowenstein es un bibliotecario de manual, dueño de una personalidad que sólo puede forjarse entre libros, estantes y escritores. Me consta que ostenta un doctorado en filosofía, y que tradujo algunos textos de Borges al inglés, pero no tengo noticia de que se hubiera visto envuelto en conspiraciones tropicalistas.
P.: ¿María Kodama tiene alguna influencia en esta colección? ¿Participa, colabora?
E.M.B.: Kodama es una heredera respetada por Loewenstein y en gran medida por todo el establishment académico en los EE.UU. Los matices que suelen ensombrecer sus relaciones con la Argentina no son una consideración en estas pampas donde el pragmatismo resuelve todo en la medida que se llegue a un acuerdo. Entiendo que hay diálogo y que Kodama es consultada en la medida que así se requiere.
P.: ¿Cómo aparecieron los poemas inéditos de «Fervor de Buenos Aires»?
E.M.B.: No tengo la más peregrina idea. Hoy estamos hablando de una colección que cuenta con cerca de 2700 elementos. Averiguar de dónde proviene cada uno sería una labor titánica. Lo importante para mí en esta película es Jared Loewenstein, el bibliotecario que dedicó toda una vida a preservar la labor de toda una vida de otro. En ésta película Borges es definitivamente el otro.
P.: Usted, como autor-director de «Harto The Borges», sigue estando harto de él?
E.M.B.: Mi hartazgo fue evolucionando, mutando. Hace diez años hubiera querido creer que existía la posibilidad de eludirlo, de escaparse de Borges. Hoy, frente a lo poco que ofrecen las cartas abiertas, los frentes estrechos, las letras primarias y la sociología a ponchazos no veo alternativa más que pedirle disculpas al ciego y empezar de nuevo por la letra a, del Aleph quizá.
P.: ¿Qué relaciones guarda esta nueva película con la serie del Heritage Film Project?
E.M.B.: Es un capricho curioso en el que pienso gastarme el dinero que gano haciendo biografías de hombres y mujeres que pueden darse ese lujo. En este sentido nos va muy bien, cada vez son más las personas que recurren al Heritage Film Project porque entienden la importancia que tiene el dejar un testimonio a futuras generaciones. En ese sentido me siento un poco el Robin Hood de crónicas personales: El dinero que ganamos con algunas de éstas crónicas sirve para satisfacer esa inexplicable voluntad de seguir pensando en la Argentina. No está mal.
P.: ¿Cómo se financia este documental?
E.M.B.: Estoy presentando el film a un sistema para recaudar fondos por Internet que se llama Kickstarter. Es un sistema completamente revolucionario. Más de 70 millones de dólares ya fueron a subvencionar documentales y cortos por parte del público. Uno expresa lo que va a hacer y la gente (más de un millón de personas por día transitan ese sitio) dan un dólar, cinco, 50, 100 y hasta 1000. Tengo amigos que han recaudado más de 150 mil dólares y sacaron el proyecto adelante. Esto es mejor que la Ley de Fomento cinematografico en Argentina. La generosidad del público sólo requiere a cambio un DVD cuando se termine, o una entrada, o una foto. Claro, tiene sus bemoles. No cualquier proyecto funciona.
P.: ¿Los patrocinantes aparecen mencionados en créditos al final?
E.M.B.: La mención en créditos corresponde a contribuciones de 1000 dólares hacia arriba. Lo curioso, lo formidable, es que en este país hay miles de personas que tienen ganas de juntarse a charlar con un director, con un personaje como Loewenstein, y que están dispuestos a poner dinero en algo que les gusta sin recibir nada más a cambio que eso.
Entrevista de Marcelo Zapata


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