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Jugada riesgosa: radicales perderán cargos si gana Macri
Mauricio Macri y Leandro Despouy
Encriptado para el público en general, ese mensaje, que ayer confiaron a este diario algunos de los radicales derrotados en la Convención de Gualeguaychú, esconde otra de las crisis a solucionar en medio de los tironeos con el macrismo por las listas en las provincias.
El problema son todos los cargos que la Constitución le reserva a la primera fuerza de la oposición. El radicalismo mantiene desde el Gobierno de Carlos Menem y la reforma del 94, con el interregno de los dos años de Fernando de la Rúa, la presidencia de la Auditoría General, tres sillones de auditores, los cargos en el Consejo de la Magistratura y, más reciente, el sillón en la AFSCA que ocupa Marcelo Stubrin.
Si Macri gana la elección y sus socios radicales se convierten en oficialistas, esos cargos pasarán a quienes quedarían como primer partido de la oposición. En la UCR ven a Cristina de Kirchner disponiendo de esas ubicaciones.
El botín en juego no son sólo esos sillones que la Constitución le reserva al primer partido de la oposición medido en representación en el Congreso, sino todos los cargos que vienen adosados. Es casi la única cuota de participación en el Estado que tiene el radicalismo, y si el macrismo gana la presidencial deberá cederlos, posiblemente al kirchnerismo en su hipotético nuevo rol de opositor.
La AGN, en ese caso, pasará a se un centro de combate más duro de lo que es hoy la propia Procuración Nacional.
La hipótesis, que no se puede dejar de lado para entender estos temores, entonces, es que la mayoría de los radicales, apoye o no el acuerdo que negoció Ernesto Sanz con el PRO, cree realmente en una chance concreta de triunfo para el PRO en la presidencial.
Sobre esa idea van y vienen para analizar sus efectos, típico ejercicio que deleita a radicales.
Ya en los largos debates de la Convención Nacional, algunos de los discursos desnudaron las dudas sobre la real participación que el macrismo le daría a la UCR en el futuro Gobierno.
En términos concretos eso significa cuántos cargos habría disponibles para los socios radicales. Temen algunos, como Morales, Naidenoff o Cano, que serán menos que los que esperan.
Los radicales ya sufrieron un sofocón en la elección de 2013 y por el mismo tema. Ese año la irrupción de Massa y sus acuerdos con el peronismo, sumado a que la UCR ponía en juego 22 de las 40 bancas que tenía, hizo temer a algunos que el radicalismo podría perder su lugar como primera fuerza de oposición en manos de un segundo peronismo opositor al Gobierno.

