2 de agosto 2010 - 00:00

¿Julio para celebrar y agosto para pensar?

¿Julio para celebrar y agosto para pensar?
El consumo de alcohol en los EE.UU. creció al máximo desde 1984. Éste es un fenómeno que se viene observando en casi todas las crisis económicas de los últimos 100 años y que conllevaría algunas implicaciones bursátiles (no aconsejamos ninguna estrategia de inversión o instrumento de mercado; lo más que pretendemos es llamar la atención sobre fenómenos de valor académico). Acaba de finalizar julio y el Promedio Industrial trepó un 7,1%, lo que lo deja como la mayor suba en 11 meses, la sexta mayor desde 1940 y el sexto mejor julio desde el crac del 29. Siempre es riesgoso/mentiroso reducir lo que sucedió en el mercado financiero a un par de hechos, pero aun así no podemos soslayar la influencia que tuvieron este julio los balances (va un 70% de los integrantes del S&P 500, cuyo margen de ganancias marco un récord histórico del 9,7%), la aparente calma que se percibe en el frente europeo luego de dos tumultuosos meses y los bajos volúmenes operados, todo conjugado en lo que podemos llamar un cóctel alcista. Tal vez lo más interesante de lo que ha venido sucediendo tiene que ver con lo que señalamos el viernes: la falta de euforia que se percibe en el mercado. Esto no lo decimos únicamente por el 0,01% que retrocedió el Dow en la última rueda -quedó en 10.465,94 puntos- ni por el hecho de que la semana determinó en gran medida el saldo para lo que va del año (el Dow avanza un 0,4%, el NASDAQ retrocede un 0,65% y el S&P 500 pierde un 1,2%), sino porque la altísima correlación que han mantenido desde que comenzó la suba en marzo del año pasado acciones, bonos y commodities parece haber empezado a romperse, reflejando la posibilidad de que la palabra riesgo vuelva a tener sentido.

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