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Kirchner no juega por el control, sino por la supervivencia para 2011
En todo partido, y mucho más en el peronismo, quien conduce debe demostrar siempre que tiene más para ofrecer en el futuro. En este caso, ese futuro está cerca, sólo dos años, en los que los Kirchner deben mantener el trastabillante poder que les quedó sobre el PJ después de las elecciones y recuperar parte del que perdieron.
La vieja teoría del pato rengo vuelve en este caso con mayor fuerza que nunca. Y nada mejor para demostrarle al peronismo (entendiendo por esto a gobernadores e intendentes del conurbano que tienen el poder de bajarle o subirle el pulgar al conductor) quién sigue aún al mando de renovar en el Congreso un esquema de control como el que rigió hasta ahora.
En el caso del peronismo, la situación es aún peor: más que el peligro del «pato rengo» que ya no tiene qué ofrecer para las próximas elecciones y precipita así el abandono de cortesanos, el miedo a perder puede parecerse más a las tribus de arañas caníbales que no dudan en comerse a su líder cuando lo ven débil de fuerzas, para iniciar luego la renovación.
Ese proceso para el matrimonio se juega ahora. Si los Kirchner no consiguen demostrarle al PJ que dominan el Congreso, mucho menos podrán asegurar un proyecto político para 2011. La centrifugadora peronista comenzará entonces a funcionar alejando aliados de la Casa Rosada en no más de tres meses.
De ahí que la pelea por las comisiones nunca haya tenido sentido para Kirchner, menos cuando el nuevo diputado bonaerense siempre despreció a ese Poder, considerándolo una corporación molesta. Así, no hubo disyuntiva: o gana y retiene el control, esto es presidencia, vicepresidencia de la Cámara y la jefatura y mayoría en suficientes comisiones como para no ceder ante la oposición, o la elección no se hace. Ése es el juego que siguió el kirchnerismo en los últimos días.
De ahí la estrategia de copar las galerías y los palcos con militantes oficialistas y el cierre de toda negociación con la oposición en las últimas 48 horas. Sólo continuaron los movimientos telefónicos con algunos confusos en el peronismo disidente que finalmente tuvieron algún grado de éxito.
Nadie puede asegurar el resultado de la elección de autoridades de hoy en Diputados. Pero queda claro que aunque la oposición no se bajó de sus reclamos y precipitó así que el reparto de cargos se resuelva por votación en el Senado, el kirchnerismo tendrá un control casi militar de la situación.
Con piqueteros y sindicalistas en la Plaza del Congreso y las galerías del recinto copadas por oficialistas, será difícil sacar un resultado contrario a Kirchner, que además estará presente en el lugar para comandar la operación.
No habrá derrota entonces para el Gobierno; antes, la sesión terminará abruptamente; quedará Eduardo Fellner al mando de Diputados y en marzo la pelea comenzará de nuevo, seguramente en otra relación de fuerzas.


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