- ámbito
- Edición Impresa
Kirchner quiere un Fondo del Conurbano, y dolarizado
Néstor Kirchner y Daniel Scioli de campaña y estudiando el regreso del Fondo del Conurbano.
Casi un mundo ideal. El presupuesto que dibujó Rafael Perelmiter, el contador de Scioli, antes de dejar Hacienda proyecta un déficit 2009 de 2.900 millones. Otros cálculos son menos bondadosos y disparan la cifra a 5.000 millones o hasta 8.000 millones.
El Fondo del Conurbano «dolarizado» implicaría, en los hechos, blanquear una sangría silenciosa de recursos de la Nación a la provincia. A fines de diciembre de 2008, Scioli tuvo que esperar que le arrimen 3.000 millones para pagar sueldos y aguinaldo.
La salida de Santiago Montoya, detrás de quien alguno entrevió la mano de Alberto Fernández, disparó las alarmas sobre un mayor deterioro de las cuentas por una baja de la recaudación. Por ahora no se palpó. Oportunidad de Perelmiter para cascotear a Montoya.
Alquimias
La «dolarización» K del Fondo del Conurbano no responde a la bondad de Kirchner con los bonaerenses ni al agradecimiento del ex presidente por la lealtad de Scioli. Es, quizá, la más perceptible de las señales sobre una mudanza del patagónico a la provincia de Buenos Aires.
A Kirchner le llevó dos años detectar -o asumir- que no hay proyecto duradero, expansivo o defensivo, sin el control del PJ bonaerense y de los batallones del conurbano. El 28 de junio lo confirmará: cualquier triunfo responderá, en esencia, a esos dos factores.
Bien o mal, ese dominio lo preserva. ¿Para qué dotar, entonces, a la provincia y a Scioli de autonomía financiera? Un esclavo del rojo bonaerense ensayó ante este diario un argumento: «Es imposible seguir girando los volúmenes de dinero que giran».
No ha sido la prolijidad una obsesión de Kirchner, si no escucharía con más detenimiento los «peros» de Amado Boudou sobre los garabatos con los fondos de la ANSES. Tampoco un rapto de equidad devolver, con justeza o no, los recursos a la provincia.
La razón, como en todo lo que fabrica Kirchner, es política. El «disparate», según Florencio Randazzo, del enroque de Scioli como presidente y el patagónico como gobernador bonaerense no parece tan desquiciado cuando se explora el plan «dolarización» del ex mandatario.
Scioli, que se limita a escuchar los proyectos del patagónico, apenas alienta expectativas moderadas, casi tímidas. Hace tiempo, allá por 2007, Kirchner le prometió algo parecido: una zanahoria para que acepte sumergirse en el barro de la provincia.
¿No concederá, Kirchner, autonomía y calma financiera a Buenos Aires para algún día ser él mismo beneficiario de esa medida? Es más: con ese movimiento, el patagónico detonará el malestar de los gobernadores, que inevitablemente perderán recursos si se giran más a Buenos Aires.
Sería, llegado el caso, otro motivo para recruceder su distanciamiento con los gobernadores -no logra convencer que vengan a su cierre de campaña en La Matanza-, que le hicieron sentir su vulnerabilidad, no sin rencor, cuando excluyeron a sus «preferidos» en las listas.
Ahora Kirchner debe contener, en persona, a sus soldados. Un caso: como no pudo hacerla diputada por Córdoba, le promete a Patricia Vaca Narvaja ser la próxima embajadora en México cuando Jorge Yoma vuelva al Congreso como diputado por La Rioja.
Un Congreso esquivo debería ser, en teoría, el ring del pulseo para el proceso de «dolarización». En sus confesiones, Kirchner no se ha detenido en esa traba. ¿Prefiere ignorarla o fantasea con algún atajo que le permita no tener que pasar por los recintos?
Sin estridencias, el esquema debería acelerarse luego de la elección. Salvo que la noche del 28-J las urnas induzcan al patagónico a creer que 2011, con la secuela continuista Néstor-Cristina-Néstor, vuelve a aparecer tras la bruma de su peor hora política.


Dejá tu comentario