20 de abril 2009 - 00:00

Kirchner resiste, pero el PJ quiere a Scioli de candidato

Daniel Scioli
Daniel Scioli
Néstor Kirchner se convirtió en el «Señor 33»: no hay magia numérica ni teorema artificial que le haga perforar un techo del 33% de votos. No es lo peor: ese tope -que si se votara hoy le permitiría un triunfo milimétrico- tiende, con los días, a achatarse.
El patagónico despertó a ese universo cruel, dolorosamente cercano al 26% que obtuvo en la provincia en la presidencial de 2003, entre jueves y viernes frente a una catarata de encuestas. Más de una lo ubica dos o tres puntos debajo de Francisco de Narváez.
Una dama, Analía del Franco, le arrimó el único consuelo: le habló de un caudal, impreciso, de entre 2 y 5 puntos, de voto vergonzante. Una remake, nada simpática, del Carlos Menem a quien nadie votaría en el 95 ni nadie votó luego pero ganó con el 49,9%.
En Olivos arguyen que la hostilidad de los medios y el clima belicoso contra el matrimonio presidencial inhiben a un sector de los votantes
a expresar abiertamente su preferencia. En Carta Abierta, la trinchera intelectual K, se indaga sobre ese fenó-meno.
Un arduo ejercicio para «los carteros» y, en paralelo, munición extra en la cruzada a favor de la ley de medios que los emparenta con Hugo Moyano, camionero que está -a pesar de su aerofobia- más cerca de la aviación: sumó, triangulación mediante, tierras en Ezeiza.
Moyano, al igual que los caudillos peronistas del conurbano, tiene en sus ma-
nos un tester del que carece Kirchner: punteros que, por respeto, obediencia o supervivencia propia, transmiten sin filtros ni eufemismos lo que palpan en las calles y los barrios.
Por esa razón, antes de que sobre Olivos se descargue la tormenta de datos alarmantes, entre los intendentes del PJ se desparramó la expectativa de que sea Daniel Scioli, y no el patagónico, el que figure al frente de la boleta K en las elecciones de junio.
Los sondeos reflejaron otro dato: la inclusión del gobernador como potencial segundo del patagónico no movió el termómetro más que 2 o 3 puntos. Con Scioli al frente, en cambio, el PJ se despegaría por encima del 38%, a casi 10 puntos de De Narváez.
Lo más inquietante -para Kirchner- es que, en el conurbano, es reducida la diferencia de intención de voto entre una boleta encabezada por el ex presidente y una capitaneada por el gobernador. ¿Cómo se explica, entonces, el planteo de los alcaldes?
En lo formal, dicen que Scioli garantiza un triunfo que Kirchner no asegura. Entre la solidaridad y la búsqueda de excusas, invocan que en el interior el caudal posible hacia el gobernador trepa de modo abrumador respecto del que cosecha el ex presidente.
El factor explosivo es otro: con ese enroque, el cacicazgo del PJ entronizaría a Scioli como su referencia post 28-J. Allí radica, más que en su narcisismo político, la resistencia de Kirchner a bajarse de la boleta: asumió su debilidad cuando recurrió a Scioli, ahora sería firmarla ante escribano si se baja de la lista.
¿Aparecerá, salvador, un juez que considere inválida su potencial candidatura? Puede convertirse, si se produce, en el fallo más festejado por el peronismo.
Devaneos
El martes pasado, este diario informó acerca de los primeros devaneos sobre una posible fórmula Scioli-Sergio Massa. Con el correr de la semana, esa alternativa se agigantó. El jueves se hizo imparable cuando, con datos sólidos, se certificó la conveniencia del plan B.
En La Plata naufragaban, sin embargo, en otro caos. El caso Montoya irrumpió para agudizar los pronósticos. No alcanzó la muñeca de Massa para frenar la retirada del recaudador. No todos los actores involucrados cuantificaron debidamente el potencial daño.
Scioli, a su vez, tiene motivos para desear que Kirchner se corra de la marquesina. El 28 de junio perderá el quórum propio en Diputados y deberá esperar una elección más que saludable en el interior bonaerense para preservar un bloque mayoritario en el Senado.
En la Cámara alta, que preside Alberto Balestrini, le quedarán 14 de los 33 senadores actuales, por lo que debe rescatar, como mínimo, 10 bancas más. Con Kirchner al frente de la boleta, esa captura se puede escurrir dramáticamente.
En el mejor de los casos, a Scioli lo espera un panorama similar al que enfrentó Eduardo Duhalde entre el 97 y el 99, cuando la oposición manejó un número suficiente como para interpelar ministros -le ocurrió a Juan José Mussi, en Salud- y promover leyes incómodas para el Gobierno.
Pablo Ibáñez

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