19 de septiembre 2011 - 00:00

Kirin, la emoción hermética y cifrada

«La mesa amarilla» de Kirin, una caja con vedutas y escaleras, tomadas del libro de arquitectura del holandés Jan Vredeman de Vries.
«La mesa amarilla» de Kirin, una caja con vedutas y escaleras, tomadas del libro de arquitectura del holandés Jan Vredeman de Vries.
Carlos DellAgostino (1953), Kirin, nos invita una vez más a mirar y leer sus obras. Es que la lectura estuvo muy presente en un período de su quehacer, recordamos las escrituras herméticas que presentó en 1991, más de 60 signos desconocidos, de gran pregnancia visual. En una pared de la Galería Jorge Mara-La Ruche, donde exhibe actualmente, hay una obra principalísima: «Historia de los pequeños horizontes», collage, óleo y grafito sobre tela, un díptico de 518 x 189cm, en la que resume casi todo lo que se va a ir descubriendo en el resto de las obras.

Sin pausa alguna, «polígonosvegetalarcoengranajeradiomantonidotopografía...» esta vez, escritura legible que puede ocupar páginas infinitas de un aparente sinsentido pero que corresponden a una escritura interna que refleja sus emociones y conocimientos. Salpicada por algún manchón amarillo, algunas tachaduras, inclusión de letras, grabados antiguos, un árbol que se va a repetir en otras obras, listas de palabras, la presencia de una geometría de un negro absoluto, manchones grises (algo nuevo en su obra), y el sutil dibujo de una mesa, elemento recurrente, diríamos el leit-motiv de la muestra.

Ignacio Gómez de Liaño (1946), destacado intelectual español, a través del texto especialmente escrito para esta muestra, sugiere que «esta mesa es un altar destinado a sostener un libro santo, que nos invita a participar en un banquete de palabras». Esta jerarquización de la mesa está dada por una instalación que ocupa el centro de la sala y que nos hace pensar en aquellas llenas de libros y alambiques en las que científicos monjes realizaban sus experimentos. «La embarazadita», vaya título, es una mesa sobre la que hay otra más pequeña sobre la que hay un libro con dos zapatitos que mantienen sus hojas abiertas, una técnica mixta con apariencia de metal. «La mesa de siempre», con brújulas, instrumentos matemáticos, grabados del 1500 o «La mesa amarilla», fascinante, una caja con vedutas, escaleras, tomadas del libro de arquitectura del holandés Jan Vredeman de Vries, arquitecto, pintor, autor de libros sobre perspectiva, pequeños objetos bañados en un amarillo luminoso-se dice que es el color de la inteligencia-, trapos, en realidad la mesa de un pintor para llegar al climax en «Duccase».

Por supuesto, ésta remite al Conde de Lautréamont y la serie relacionada con la famosa definición surrealista de «hermosa»: «hermosa como el azaroso encuentro de un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de autopsia». «Mandrágora Femenina», collage, óleo, grafito sobre tela, título que tiene connotaciones relacionadas con la magia, la brujería, una planta que se compara con el cuerpo humano porque su raíz se bifurca, se dice que Julieta tomó el elixir preparado con mandrágora para fingir su muerte. Muy afecto a los sucesos medievales, quizás Kirim la haya tomado como eje de esta obra. Pero no importa. Visualmente, los borrones grises, la inclusión de un collage, el dibujo sutil de la mesa y los leves grafismos, los chorreados que se deslizan, los paréntesis, hacen de ella una obra excepcional.

Kirin nos lleva al pasado, lo combina con elementos de su cotidianeidad, nos pone frente a una obra extraña, misteriosa. Inútil querer descifrar esta combinación de elementos. Están allí para meternos en un mundo insondable, donde subyace lo poético, lo autorreferencial, su hondo pensamiento y su cultura. Por un largo rato estas imágenes nos acompañan en una suerte de viaje espiritual. Algo no muy frecuente en el mundo de hoy. El libro catálogo, como es habitual en esta galería, es una verdadera joya editorial, diseño gráfico a cargo de Manuela López Anaya, fotografía, Oscar Balducci. Clausura a mediados de octubre.

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