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La Abadía abre la puerta a otros reinos olvidados
En la neutralidad de las salas blancas se presentan, como apariciones, las dramáticas figuras que protagonizan la muestra (derecha). Y, al lado, los retratos en negativo de Carlos Enrique Pellegrini acentúan el misterio.
Luego, a partir de los textiles de un presente cuya estética se entrelaza con la del pasado, cada capítulo de la muestra despierta el interés de profundizar el conocimiento. "Hemos planeado una nutrida agenda de actividades que incluye cursos, charlas, talleres y cine debate. Todo estará relacionado con el contenido de la muestra cuyo eje central es la cultura tradicional latinoamericana," observa Guillermo Alonso, director de Relaciones Públicas e Institucionales de La Abadía.
En efecto, la exhibición implica el pasaje a otros mundos, otros reinos olvidados. El espacio de los textiles pone en el candelero la fundación creada por Andreina Rocca con el objetivo de resguardar el saber y los oficios de las poblaciones del monte santiagueño. La llamada Escuela Celeste, más allá de recuperar técnicas destinadas al olvido y de insertar en el circuito comercial a las tejedoras, ha recuperado y puesto en valor la cultura de una civilización que utilizó el tejido como lenguaje. Sólo dos piezas textiles están expuestas. Pero se trata de dos obras donde se aprecia la complejidad matemática alcanzada para el cálculo (imprescindible para la confección de los tejidos), la matriz abstracta de los diseños geométricos y la influencia que posteriormente ejercieron estos textiles en el arte de vanguardia y contemporáneo.
En este sentido, vale la pena recordar el trabajo de algún modo revelador de Cesar Paternosto y Cecilia Torres. Artista y galerista, ambos estudiosos, analizaron el parentesco de los textiles precolombinos con el arte de la Escuela del Sur y la obra de Josef y Anni Albers, integrantes de la Bauhaus que escapando de los nazis llegan al Black Mountain Collage de North Carolina, donde descubrieron el arte de México y Perú. "Anni observa Paternosto- había concurrido al taller de Arte Textil de la Bauhaus y frecuentado el Museo Etnográfico de Berlín cuando influida por el arte aborigen escribió 'On Weaving', la suma de su experiencia que dedicó 'a mis grandes maestras, las tejedoras del antiguo Perú".
Al inicio de la muestra se divisan las imágenes de "Paraná ra'angá / Imagen del Paraná, una serie de 24 fotografías de Facundo de Zuviría tomadas durante un viaje que reitera la expedición del viajero alemán Ulrico Schmidt en el siglo XVI. Son 24 horizontes de cielo y agua, con su esplendor y su hipnótica monotonía. De Zuviría remontó el río Paraná y el Paraguay y, al hablar de este viaje, recuerda "la sensación de irrealidad que tenía al mirar desde la proa hacia un norte tan impreciso como lejano". Agrega entonces que las fotos representan: "Algo inmutable en la naturaleza, un tiempo detenido ante ella".
Al observar las máscaras y tocados del Norte y la Patagonia, queda en evidencia la sofisticación de las piezas, el uso y dominio de una gama de colores estridentes, la audacia geométrica y la sorprendente originalidad de los diseños. Allí se advierte que el valor estético va a la par del fin utilitario, ornamental o de culto, pero sobre todo, se percibe el espíritu encarnado en la materia.
Pereda recorre la muestra y rinde cuenta de una cultura donde el pasado no muere: "La danza masculina, practicada por las comunidades mapuches a lo largo de la Patagonia argentino-chilena y del área pampeana, prueba la persistente interacción de la sociedad no sólo con las divinidades sino con los antepasados revividos por los bailarines". Para referirse a las máscaras Pereda agrega que, desde ya, suponen un cambio de identidad y "un reemplazo del rostro del kollón por el ideal de un antepasado".
Los tocados confeccionados en cuero, metal y crin con inclusiones de plumas, configuran los atuendos de los chamanes. El montaje es teatral. En la neutralidad de las salas blancas se presentan, como apariciones, las dramáticas figuras que protagonizan la muestra. Sus siluetas, envueltas en mantos negros, ostentan atavíos que deslumbran al visitante.
Al hablar de la cultura originaria quechua del Gran Chaco, Pereda destaca: "La cosmovisión está vigente en un mundo mítico regido por el número cuatro, la dualidad, los espíritus de la neblina, de los insectos o de los muertos... Espíritus que sólo pueden ser vistos y oídos por los chamanes, cuya función es la de ser mediadores entre territorios humanos y extrahumanos". Y allí están los mágicos plumajes, los collares de cuentas y las máscaras policromadas de esos "hombres del conocimiento". Más que el encanto de la habilidad manual, las piezas ejercen la atracción del arte.
La muestra abre interrogantes sobre quiénes fueron, cómo pensaban y qué gustos y habilidades tenían los habitantes de estas regiones. Sus fantasmas se erigen sobre pedestales con su belleza y también con sus enigmas. Los retratos de tres aborígenes realizados por un precursor del arte en nuestro país, el ingeniero saboyano Carlos Enrique Pellegrini, acentúan el misterio: las fotos de las acuarelas trasladadas al negativo blanco y negro, se presentan ampliadas y en formato mural.
La vida del espíritu gravita en La Abadía. La institución se fundó en el año 2005, cuando el entonces cardenal Jorge Bergoglio convocó el Sodalicio de Vida Cristiana del Perú, con la intención de que crearan una comunidad argentina. Sebastián Blanco, director de La Abadía y miembro superior de la comunidad Sodálite en la Argentina, hace más de una década que vive en nuestro país y cuenta los objetivos de su misión: "Se respetó el espíritu monacal del lugar y tratamos de que la vida contemplativa del monasterio sirva ahora a una misión apostólica. El proyecto de La Abadía tendrá un fuerte compromiso social".
La muestra "Tierra de encuentros, cielos y colores. Arte de Sudamérica hoy y ayer", reúne piezas de las colecciones Hijos del Viento y el Museo Ambrosetti: En este marco se inicia el Ciclo Diálogo entre Culturas con un curso sobre los mitos (de los griegos a los americanos) dictado por Esteban Ierardo, y el arte plumario como expresión de un delicado equilibrio entre la naturaleza, el hombre, la magia, y el universo de lo sutil, por Ximena Elicabe. Y, por supuesto, se proyectará "La Misión".



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