12 de abril 2011 - 00:00

La Academia de Bellas Artes se renueva sustancialmente

Metafórica «viñeta teatral» de Liliana Porter de la muestra «Porter, Baltar, Cabutti, Piffer, Valansi. Estados de la materia II», presentada por la Academia Nacional de Bellas Artes junto a un sorprendente montaje de la colección Klemm.
Metafórica «viñeta teatral» de Liliana Porter de la muestra «Porter, Baltar, Cabutti, Piffer, Valansi. Estados de la materia II», presentada por la Academia Nacional de Bellas Artes junto a un sorprendente montaje de la colección Klemm.
Por primera vez, desde la muerte de su fundador en la década del 90, la estupenda y valiosa colección de arte moderno y contemporáneo de la Fundación Federico Klemm, rica en obras de Magritte, Giorgio de Chirico, Warhol, Botero, Kuitca, Lucio Fontana, Jeff Koons, Picasso, Macció, Berni, Christo, Mapplethorpe o Noé, es motivo de una relectura cuyo objetivo es jerarquizarla. La semana pasada, la Academia Nacional de Bellas Artes que tiene a su cargo la responsabilidad y el manejo de la Fundación, invitó al vernissage de la muestra «Porter, Baltar, Cabutti, Piffer, Valansi. Estados de la materia II», curada por Mercedes Casanegra. Pero el público se encontró con una sorpresa inesperada: un cambio rotundo en el montaje de la colección.

El presidente de la Academia, el arquitecto y diseñador Ricardo Blanco, le dio carta blanca a Gustavo Vázquez Ocampo para realizar modificaciones sustanciales. Las reformas comienzan con los llamativos colores de las paredes y continúan con la disposición de las obras y un nuevo guión curatorial, que aún no ha sido enunciado.

Con este gesto y, con la repentina irrupción del color, Blanco, acompañado por las artistas Matilde Marín y Josefina Robirosa, entre otros académicos, confirma el espíritu renovador que intenta imprimirle a la institución, para que la acción acompañe los aportes teóricos. Este año la Academia sumará las voces de la crítica e historiadora del arte Elena Oliveras y del artista Eduardo Stupía que, se espera, consolidarán el rumbo. Blanco decidió poner a prueba la sabiduría académica, con una serie de conferencias de sus miembros abiertas al público.

Materia

Entretanto, en la sala de exposiciones temporarias, Casanegra presenta la segunda versión de «Estados de la materia», muestra que retoma los criterios iniciales de 2009, al «abordar las obras de una selección de artistas no desde su aspecto formal, sino desde la materia que las constituye». Y, de este modo, cada material arrastra la forma consigo. En un video de la brasileña Brígida Baltar, una joven cruza la bruma del paisaje con un frasco en su mano y, con un gesto poético, le brinda forma a la «Recolección de neblina».

Luego, los vidrios redondeados y soplados que Marcela Cabutti coloca sobre un pedestal, traen la memoria de ese viejo oficio al presente. Por su parte, Cristina Piffer intenta que su obra realizada con parafina de grasa animal, tripas, carne vacuna y sangre de vaca deshidratada, sea portadora de los «simbolismos relacionados con el origen y la formación de la identidad argentina». Como contrapartida a la visión regresiva de Piffer, que remite a la idea de barbarie, el artista Gabriel Valansi forja un paisaje del futuro con los desechos de la tecnología. Las imágenes de Valansi son dueñas de una poderosa resonancia: invitan a imaginar las urbes del futuro, los inmensos basurales grises donde el color ha desaparecido y las montañas que se levantan con millones y millones de máquinas descartadas y hechas pedazos.

En este sentido, vale la pena recordar a Umberto Eco, cuando en su «Historia de la belleza» analiza la influencia de la materia en las obras y observa: «Para la mayor parte del arte contemporáneo la materia se convierte ya no y solamente en el cuerpo de la obra, sino también en su fin, en el objeto del discurso estético».

Liliana Porter muestra el carácter de materiales como grafito o la tinta negra en su video «Matiné», y en «Ver rojo», una de las secuencias expresa la fuerza que posee el color que atrapa con mayor facilidad las miradas. La artista presenta el rojo, el color esencial de la energía, la pasión y la locura, encarnado en la densidad de la pintura. Muestra una marea espesa que arrastra en su dramática caída a sus personajes, unos soldaditos de juguete con su artillería. No obstante, y a pesar de la condición

juguetona de estos muñequitos, Porter, que siempre hace gala de su humor infalible, expresa sin tapujos la emoción que engendra su

tragedia al rojo vivo. El destino que lleva los juguetes hacia el abismo en medio de esa corriente de pintura roja que fluye imparable, se percibe como metáfora. La propia Porter lo aclara: «Estas viñetas teatrales, son comentarios visuales que hablan de la condición humana. Lo que me interesa detrás de ellas es la simultaneidad del humor y la aflicción, lo banal y la posibilidad de sentido».

La secuencia es breve, pero basta para demostrar del modo más contundente que el análisis de la materia es uno de los caminos que se abren para acceder al «ser» de una obra de arte, con su forma y también su contenido.

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