18 de noviembre 2016 - 00:00

“La Bayadera”,un logro del Balletdel Teatro Colón

Bayadera. Un acierto del Ballet que conduce Maximiliano Guerra.
Bayadera. Un acierto del Ballet que conduce Maximiliano Guerra.
Con una pareja protagónica notable y esperada, la integrada por Ludmila Pagliero y Herman Cornejo, el Ballet Estable del Teatro Colón, dirigido por Maximiliano Guerra, concretó otro logro con "La bayadera", en una producción del ballet del SODRE y en la versión de Natalia Makarova, con el "plus" de haber contado con la supervisión de la propia coreógrafa y ex estrella de la danza, en su regreso al Colón luego de 24 años de ausencia. El resultado es un espectáculo sólido tanto en lo visual como en lo coreográfico, con bella escenografía de Pier Luigi Samaritani, cuidada iluminación de Rubén Conde y buen vestuario de Theoni V. Aldredge.

Como se dijo, gran parte de la expectativa de esta versión estuvo desde su anuncio en los protagonistas, dos de los bailarines argentinos que mayor trascendencia internacional han logrado: la "danseuse étoile" de la Ópera de París Ludmila Pagliero y el "principal dancer" del American Ballet Theatre Herman Cornejo. Ambos son figuras habituales en las galas internacionales que ofrece Buenos Aires, pero indudablemente su participación en un ballet completo es una oportunidad que tiene el público para conocerlos más profundamente en su faceta interpretativa y en su capacidad para dar cuenta de la evolución de un personaje. Perfecta en su línea y su plasticidad, Pagliero encarnó a Nikya con una seguridad inquebrantable. También Cornejo mostró técnica sólida, aunque con el plus de una teatralidad completamente integrada a esa técnica, lo que le permitió llevar a cabo una interpretación de Solor tan intensa como antológica.

En el papel de la altiva Gamzatti, Macarena Giménez confirmó su talento, y brilló también el Ídolo de Bronce de Williams Malpezzi; sobresalieron también Edgardo Trabalón, Vagram Ambartsoumian, Matías Santos, Emilia Peredo Aguirre, Ayelén Sánchez y Georgina Giovannoni y los intérpretes del "pas d'action" del primer acto. La escena de las sombras tuvo una realización cuidadosa y poética, y en líneas generales el cuerpo de baile se mantuvo en un alto nivel. A las órdenes de Emmanuel Siffert, la Filarmónica de Buenos Aires tuvo, más allá de la flaqueza de algún solo, un buen desempeño en una partitura cansadora como lo es la de Minkus. En la función de estreno (prácticamente colmada y con la presencia de varias figuras de la danza argentina del pasado y del presente), las ovaciones a Pagliero y Cornejo, ambas atronadoras, sólo fueron superadas por la que recibió la propia Makarova.

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