La Berlinale debate la revolución digital

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Berlín - La 62 edición de la Berlinale arrancó el 9 de febrero, con el mecanismo tan bien aceitado que rápidamente alcanzó velocidad de crucero; llegará a puerto el 19 habiendo descargado mercadería de todo gusto y color para un público local entusiasta pese al manto de nieve que cubre la ciudad. Se exhiben más de 400 películas en secciones que continúan multiplicándose cada año -una reciente es la de cine «culinario»- y cientas más en el concurrido European Film Market (EFM).

Cinematográficamente hablando, la Berlinale hizo ayer gala de su compromiso político con una jornada dedicada a los conflictos: de las tensiones separatistas filipinas en «Captured», del filipino Brillante Mendoza con Isabelle Huppert, a los años más turbulentos del IRA en «Shadow Dancer», del británico James Marsch, con Clive Owen.

Desde el punto de vista de la industria, bazar persa y babel lingüístico concentrado en el edificio Martin Gropius cercano a la sede del festival en Potsdamer Platz, el EFM ofrece una plataforma interesante para examinar cómo la revolución digital ha trastocado las reglas de juego en producción, distribucin y exhibición. El panel organizado por las revistas «Variety» y «Screen International» ofreció una puesta al día sobre la circulación de películas en la era global. El cuadro pintado resultó simultáneamente descorazonante y alentador, según se mire.

Los panelistas describieron las dificultades del cine extranjero para acceder al mercado norteamericano, británico y francés -fortalezas bien defendidas por costumbres lingüísticas, prácticas comerciales y legislación proteccionista. El gran cambio, señaló Geoffrey Gilmore, veterano del festival de Sundance y ahora director de Tribeca Enterprises, son las plataformas múltiples para lanzar películas, fenómeno acrecentado exponencialmente por la aparición constante de nuevos servicios. Además de salas de cine, televisión, cable y DVD, el mercado norteamericano ha visto en los últimos años la irrupción del ideo on demand (V.O.D.), que baja películas a computadoras, teléfonos y televisores, o que las transmite directamente (streaming). Paradójicamente, a mayor acceso, menor «visibilidad», ya que la oferta -abaratada por los costos de producción- es apabullante. De allí que el desafio de distribuidores y productores independientes sea lograr que su película encuentre el nicho.

Si el terreno es complicado para el mercado norteamericano de cine independiente, resulta francamente descorazonador para el cine extranjero que busca su penetración. El cine de autor - señaló un panelista- no es una categoría venerada por un público sofisticado como en los años 60. Los equivalentes de Bergman, Fellini y Buñuel- llámense Ozon, Dardenne, Kiarostami, Weerasethakul, y un etcétera apreciado en el circuito de festivales- ya no existen como referentes culturales, con excepción quizás de Almodóvar y más recientemente Guillermo del Toro. En EE.UU., y en menor escala también en Gran Bretaña, cine extranjero hoy en día tiende a identificarse con dos grupos: por un lado, películas de género, como el horror coreano y español, o el cine de acción pan-asiático. Por otro, existen los «event films», películas que generan un gran interés, traducido en una taquilla relativamente sustancial, como la trilogía sueca «Millenium».

La oferta abrumadora en plataformas múltiples obliga también a replantear las estrategias de marketing. En EE.UU., por ejemplo, un gran número de películas disponibles electrónicamente no sólo no tienen estrenos en salas de cine ni tampoco reseñas en diarios y revistas. Huérfanas de apoyo crítico, muchas recurren al sostén de blogs y sitios de Internet para su promoción. La dificultad de obtener una crítica y la facilidad para diseminar información por la web, resultan también una instancia de vaso medio lleno o vacío, ya que el efecto «viral» de un film montado en YouTube puede colocar un título en el radar de millones de espectadores electrónicos. (El tema para las plataformas es sacar partido monetario de la demanda).

El cine de género es lo que funciona mejor, ayudado por temática sexual. La argentina «El secreto de sus ojos», concebida para encontrar un público internacional, tuvo una excelente repercusión. Los premios en festivales dan cachet pero están lejos de garantizar taquilla.

¿Qué camino seguir para que una película encuentre su público en la era global y digital? El cine de autor -cobijado en festivales o subsidiado por organismos estatales- tiene en general pocas posibilidades, concluyó el panel. Los films que pasan al frente, muchas veces de manera inesperada, conectan con un estilo o una temática global. En el caos de la era digital, el mercado norteamericano esta reelaborando las estrategias de distribución.

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