5 de agosto 2016 - 00:00

La Biblia junto al furor del juego

La fiebre de Pokémon Go llegó a la Argentina. En apenas tres semanas, 100 millones de personas se bajaron la aplicación a sus teléfonos celulares para jugar en diferentes partes del mundo. Algo así como dos veces y medio la población de nuestro país. Con tan poco tiempo transcurrido desde su lanzamiento, llama la atención la cantidad gente que se suma, la rapidez con la que se esparce y las diferentes franjas etarias que son captadas. Es un fenómeno que estamos comenzando a conocer: ¿Por qué sucede? ¿Qué efectos provoca en las personas para que se fanaticen y en tan poco tiempo se forme una masa tan grande? Lo primero que hay que decir es que para muchas personas el celular se transformó en su su compañero, su amigo, su "pareja". A medida que se sumaron aplicaciones y usos, el lazo libidinal y la dependencia que algunos sujetos crearon con su teléfono se agigantó. Según consultoras y empresas de telefonía móvil, la pantalla del celular se mira en promedio 8 veces por hora, seguramente más que a muchos seres queridos. Es un objeto tecnológico que, metafóricamente hablando, ya forma parte del cuerpo en esta época de la hiperconectividad. Un hombre me comentaba fascinado acerca de la relación con su teléfono: "Me siento como Gollum, el personaje de El Señor de los Anillos, en lugar de decir ´mi tesoro´, yo digo: ´mi celular´...". Sin nombrar el estado de angustia y de desamparo que algunos personas experimentan al darse cuenta de que se olvidaron su teléfono, ese nuevo malestar tiene nombre: Nomofobia.

Una de las claves es que el celular y este tipo de juegos permiten que uno se divierta prescindiendo de otra persona. Es el goce dentro de uno mismo, la satisfacción en la propia "burbuja". Ni el teléfono ni los diferentes personajes de Pokémon nos hablan o preguntan, nos demandan, nos cuestionan, exigen ni hacen planteos, lo que sí sucede con un ser humano.

Efecto

Dentro de la "comunidad Pokémon" también se da lo que se conoce como "Efecto de Masa", que se caracteriza por predominio de la afectividad, disminución de la personalidad individual, del juicio crítico y de la iniciativa propia. Por esta razón diferentes gobiernos del mundo prohibieron que la gente cace Pokémones en lugares peligrosos como campos minados (Bosnia) o dentro de centrales nucleares (Japón).

Por último, este juego de Realidad Ampliada corre y/o borra la frontera entre la vida real y el mundo de la fantasía. Llama al niño que todos llevamos dentro, porque de chicos se sueña, jugando, a ser un héroe o heroína de un dibujo animado. Pokémon Go permite soñar y ser por un rato chicos y, principalmente, evadirse de la vida cotidiana. Demuestra que la realidad tiene estructura de ficción. Dejo una pregunta: ¿nosotros tenemos un celular o el celular nos tiene a nosotros?

Dejá tu comentario