23 de enero 2009 - 00:00

La buena salud de Fidel: mala noticia para Hilda Molina

El encuentro entre Cristina Fernández de Kirchner y Fidel Castro del miércoles produjo una inmensa alegría entre gran parte de la delegación argentina que viajó a La Habana, comenzando por la propia presidente. La posibilidad de ver al anciano líder de la revolución cubana con buena salud, dadas las circunstancias, y que sea la propia jefa de Estado en persona la que pueda dar testimonio de esto, profundizó aún más el optimismo de los viajeros locales. Sin embargo, otros integrantes de la comitiva, que eligieron el silencio, al menos hasta volver a Buenos Aires, quedaron preocupados. Son los que saben que las posibilidades de ver a la doctora Hilda Molina en el país visitando a sus hijos y nietos es directamente proporcional a la mala salud de Fidel Castro. En otras palabras, mientras el líder esté lúcido, Molina continuará en La Habana y sólo cuando el revolucionario mayor ya no esté en dominio de su circunstancia, la doctora será liberada; siempre que el tema no esté en los medios.
Una gran parte de los argentinos que acompañaron a Cristina de Kirchner por Cuba conoce de cerca la situación de la doctora y Fidel. La decisión de mantenerla dentro de la isla e impedirle su libertad de viaje dependen exclusivamente del líder cubano. Sólo él, más allá de cuestiones ideológicas y profesionales, tiene la llave para la libertad de Molina. Raúl Castro, el actual jefe de Estado, sabe que una decisión de este tipo le está vedada mientras Fidel esté lúcido, y que un renuncio en este tema le merecería una reprimenda pública antológica, algo que el actual gobernante no puede administrar en la Cuba de hoy.
Se sabe también que para Fidel el tema Molina es una cuestión terminada. La señala como la autora de los peores males de la revolución y la disidencia, y la llama como «una nuestra que se volcó a los derechos humanos», entendiendo el concepto como lo peor para el régimen. Esto es, una profesional destacada producto de la revolución que en un momento, por motivos más personales que políticos e ideológicos, decidió volcarse a la religión y dejar de militar cerca del líder, aunque nunca haya abjurado del socialismo cubano como forma de gobierno y de administración. Para Fidel se trata de un caso peor que una disidente o un balsero. Se trata de una traidora, en todo sentido, imposible de ser perdonada. En su retina quedan igualmente los pasos de Molina de los últimos años, cuando presionó a las autoridades argentinas y cubanas para su liberación, en los meses finales de Fidel en el poder.
Así las cosas, la buena salud de Castro termina siendo un freno para mejorar la situación de la doctora. De hecho, las negociaciones llevaron a Cristina de Kirchner a no tocar públicamente el caso Molina y dejar de lado la cuestión en la agenda. Fue la argumentación que llegó desde La Habana lo que marcó la necesidad de quitar el caso de los medios para que haya un final feliz. Desde Cuba se mencionaba que sólo cuando no exista la presión para que Raúl Castro decida su liberación, esta se produciría, bajo el argumento (nunca expuesto) de que ya Fidel no podía seguir el tema de cerca dado su delicado estado de salud y que la cuestión sería definida por su hermano. Luego del encuentro con el líder revolucionario de ayer, el propio Raúl les dejó claro a los argentinos que esa táctica, dada la realidad de la salud de Fidel, quedará para más adelante. En otras palabras, Hilda Molina no vendrá a la Argentina en los próximos tres o cuatro meses, tal como especulaba la delegación que viajó a La Habana.
Sin señales
La médica dijo ayer que no recibió señal alguna sobre poder visitar a su familia en la Argentina durante la visita de la presidente Cristina de Kirchner a Cuba, y espera que el Gobierno le informe sobre lo que estimó un derecho de sus nietos.
«No me interesa que ella, Cristina de Kirchner, sino que el Gobierno argentino me diga si hicieron algo por mis nietos», dijo Molina, de 65 años, un día después que Kirchner concluyó su estancia de cuatro días en la isla.
Molina, ex directora del Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN), abandonó esa actividad a inicios de la crisis de los años 90, después que su hijo Roberto, de igual profesión, se casara con una argentina y se estableciera en este país, donde tiene dos hijos.
La médica intenta que la dejen viajar desde hace 14 años, pero hasta el momento ha recibido una negativa oficial cubana, que sí permite que sus familiares la visiten en la isla y permitió que su madre, Hilda Morejón, de 90 años, viajara a mediados de 2008 para conocer a sus bisnietos. «Estoy preocupada por los derechos de mis nietos, voy a seguir luchando por ellos», añadió Molina, quien aseguró que durante la visita de la Presidente «no recibí nada, ni una sola respuesta de nadie».
Añadió que a las autoridades argentinas «les pedí un favor y quisiera saber si pudieron o quisieron hacerlo para que mis nietos conozcan a su familia».
Fidel Castro, convaleciente desde hace dos años y medio de una aguda crisis de salud (que comenzó en la Argentina cuando precisamente se le planteó públicamente el caso Molina), escribió en junio que a la doctora se la «destituyó» cuando se descubrió que «aspiraba a convertirse en propietaria de la institución» que dirigía, y que su caso es «un excelente material para el chantaje imperialista contra Cuba».

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