- ámbito
- Edición Impresa
La canciller llega débil a la esperada cumbre con Hollande
El presidente electo de Francia, el socialista François Hollande, se muestra distendido en la previa de su asunción. Sin embargo, la gravedad de los problemas que lo aguardan indica que no disfrutará de ninguna «luna de miel» con la ciudadanía.
Las expectativas de cambio generadas por Hollande durante su campaña, que se han proyectado fuera de las fronteras francesas y en particular a otros países europeos en crisis, son las mismas que desde su elección el domingo pasado ya ponen presión sobre su acción antes incluso de estar instalado en el cargo.
Según la cadena France 2, ayer estuvo trabajando en su casa de París en la formación del Gobierno, que dará a conocer el miércoles, un día después de presentar al que será el primer ministro, para el que se repite un nombre, el del hasta ahora jefe de los diputados socialistas, el alcalde de Nantes, Jean-Marc Ay.
Ayer, el presidente electo se dedicó a la preparación de sus dos primeras grandes citas internacionales, la entrevista con Merkel en Berlín y su desplazamiento el fin de semana a Estados Unidos para, tras entrevistarse con el presidente Barack Obama, participar sucesivamente en las cumbres del G-8 y de la OTAN, ante la que formalizará la retirada anticipada de las tropas de Afganistán.
Expectativas
El encuentro con Merkel es, por mucho, el que más expectativas genera, porque es bien conocida la promesa del líder socialista francés -uno de los principales puntos de su programa electoral- de renegociar el nuevo tratado de la Unión Europea firmado a principios de marzo para incorporar al ajuste fiscal medidas de reactivación económica.
Una renegociación a la que la canciller germana se opone de forma tajante, como se ha esforzado en recordar durante toda la semana, aunque todo aderezado con mensajes conciliadores, en el sentido de que la conversación de mañana les permitirá a ambos conocerse y que a partir de ahí «se desarrollará una buena cooperación».
Confrontación
Tanto Merkel como Hollande han dejado que sean sus colaboradores los que marquen el escenario de una confrontación, que es real entre la posición de la necesaria austeridad de la primera, y la de la salida de la crisis con crecimiento y sin sacrificar el Estado social del segundo.
Así, el vocero del Partido Socialista francés, Benoît Hamon, dijo ayer que «es hora de que Merkel escuche», porque «tiene que entender que no puede decidir sola la suerte de toda Europa» y porque la austeridad que diseñó junto al presidente francés saliente, Nicolas Sarkozy, «conduce» a la situación actual de Grecia.
En realidad, pocos creen que el choque de trenes se vaya a producir en Berlín porque ninguno tiene interés. Para impedirlo, han estado en contacto sin reconocerlo públicamente sus respectivos equipos, como lo reveló ayer Le Journal du Dimanche.
El dominical francés dio los nombres de los negociadores de Hollande: Ayrault, el exministro Michel Sapin -que podría ser el próximo titular de Finanzas-, el presidente de la Autoridad de los Mercados Financieros Jean-Pierre Jou y la economista y candidata socialista en las legislativas Karine Berger.
Además, adelantó la posible solución: un agregado al tratado europeo -que contendría a la vez el principio de una renegociación y el de no tocar lo ya suscrito- cuyo contenido no necesariamente debería cerrarse esta semana, sino que podría esperar a la cumbre extraordinaria de la UE del próximo día 23.
Hoy será para el presidente electo de Francia la última serie de los prolegómenos, con consultas con los «barones» de su partido y los últimos detalles para la investidura, que se llevará a cabo en el Palacio del Elíseo con el traspaso de poderes de Nicolas Sarkozy
-incluidos los maletines con los códigos de las armas atómicas- y que, como siempre, va aparejada con gestos simbólicos.
Tras salir de su nueva residencia oficial, Hollande se postrará poco antes del mediodía ante la llama en recuerdo del soldado desconocido en el Arco de Triunfo y luego rendirá tributo a otros dos personajes: al padre del modelo de la escuela pública y laica francesa, Jules Ferry, y a la científica Marie Curie.
De ahí irá al ayuntamiento de París para ser agasajado por el alcalde socialista, Bertrand Delanoe, antes de volar a Berlín.
Agencias EFE y DPA

