19 de febrero 2016 - 00:00

La Casa Blanca confirmó que llega en marzo a la Argentina

La Casa Blanca confirmó ayer que Barack Obama llegará a la Argentina el próximo 23 de marzo. Será una visita de dos días que ayer fue explicada por Washington como la intención de iniciar "una nueva era" en las relaciones bilaterales. En ese mismo anuncio la Casa Blanca explicó que será también la oportunidad para reconocer a Macri las "contribuciones en la defensa de los derechos humanos en la región".

El anuncio corrió por cuenta del consejero adjunto de Seguridad Nacional de Comunicaciones Estratégicas, Ben Rhodes, quien se entusiasmó con el pronóstico de "un nuevo inicio y era en las relaciones con la Argentina".

La arquitectura de la visita es todo un mensaje en sí misma. Llegará a Buenos Aires en vuelo directo del Air Force One (en realidad vienen dos aviones iguales, como en todo traslado de POTUS) más una flota de acompañamientos, desde La Habana. Serán dos días en Cuba para una visita histórica y dos en la Argentina para recomponer relaciones. La ocasión venía anticipándose desde antes de la asunción de Macri. Lo había explicado Susana Malcorra cuando llegó a la Argentina para ocupar su cargo con mensajes que traía de los pasillos de la ONU. Uno de ellos fue de John Kerry sobre una futura visita de Obama al país antes que su mandato entrara en la etapa final.

La Argentina, más que un objetivo en sí mismo, entró entonces en la lista de tareas cumplidas que Obama quiere mostrar, sobre todo en Latinoamérica, donde las últimas administraciones siempre hicieron agua. Quizás la novedad de ayer, entonces, fueron los tiempos: Malcorra sabía hace una semana que la Casa Blanca anunciaría la visita, pero el Gobierno nunca imagino que sería tan pronto, sobre todo con otra visita de por medio la semana próxima, Francois Hollande, un besamanos con el papa Francisco y la cumbre nuclear también a fin de marzo en Washington.

La administración Obama nunca pudo encontrar puente alguno para mostrar una relación de armonía entre Washington y el Gobierno de Cristina de Kirchner, curiosamente mientras en silencio la Argentina nunca votó en los organismos internacionales en contra de los temas clave en política internacional para el Gobierno de Estados Unidos. Primó para el kirchnerismo la bandera antiyanqui que alimentó desde la cumbre paralela que Hugo Chávez y Néstor Kirchner prohijaron durante la visita de George W. Bush a la Cumbre de las Américas en Mar del Plata, pero continuó en los hechos un nivel de cooperación alto con EE.UU. en materias como la lucha antiterrorista.

La relación del Gobierno con Obama debió haber sido casi modelo, por lo menos eso esperaba el kirchnerismo y de ahí que celebró, también en boca de Cristina de Kirchner, su llegada a la presidencia en el primer mandato. Nada de eso sucedió. De un inicio de diálogo prometedor, siempre en pasillos de la ONU o compartiendo algún almuerzo en la mesa de Ban Ki-moon, la empatía entre presidentes fue desapareciendo al mismo ritmo que Buenos Aires tomaba decisiones como la de revisar y secuestrar material al avión estadounidense que venía con pertrechos para participar en un ejercicio militar conjunto. La foto de Héctor Timerman y las tenazas rompiendo sellos de seguridad de la US Air Force en el aeropuerto terminaron de romper cualquier chance. Poco después, Hillary Clinton daba la última señal de ruptura: iniciaba una gira por Latinoamérica donde el único papel que le tocó a la Argentina fue que su avión de secretaria de Estado sobrevolara el espacio aéreo camino a Santiago de Chile.

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