Continuando con su juego de desmentir lo que ya se desmintió, ayer fue el turno del presidente de la Fed de San Louis de licuar los dichos de su colega de Atlanta (del martes), alertando que podría existir algún riesgo de una inflación excesiva a futuro. Lo primero que nos merece este argumento es un: "Vaya novedad". Lo segundo es que por más que la "claque" de la Fed diga otra cosa, su declaración poco y nada tuvo que ver con el 0,73% que perdió ayer el Dow (la mayor baja desde el 28 de junio) al cerrar en 15.337,66 puntos. La principal evidencia en este sentido es que la tasa de los treasuries a 10 años retrocedió 1,5 puntos básicos al 2,712% anual, lo que sugiere que: a) el temor al fin de la expansión monetaria de la Fed o a una alta inflación no es tan grave -no olvidemos que el Dow gana en el año 17%- y/o, b) ayer los inversores buscaron refugiarse en la renta fija huyendo de las inversiones de más riesgo (ésta es una figura literaria). Por otro lado, podemos agregar que poco antes de las once de la mañana ya estaba casi todo dicho por el lado de los precios y por entonces la noticia más destacada era la inesperada caída de las ventas de Macy´s, que culpó de ello a la renuencia de los consumidores a adquirir sólo lo que les resultaba indispensable (los números de J.C. Penny parecieron ser mejores, pero se difundieron a última hora). En esta misma línea, la suba de los precios mayoristas, que resultó menor que lo esperado, también habló de un presente no tan eufórico como le gustaría a la Fed o al gobierno. Hablando del presente, la crisis en Medio Oriente no hace otra cosa que crecer, ante la decisión del mundo "civilizado" de no mirar ni cuestionar la revolución en Egipto, cuyo principal resultado ha sido un creciente número de muertos o mártires (para la causa musulmana).
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