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La crisis internacional amenaza la estabilidad de los líderes del G-20
«Propongo que los europeos asumamos un papel central para reemplazar lo que antes se llamaba Consenso de Washington con una nueva economía de principios para nuestros tiempos», decía Gordon Brown la semana pasada en el Parlamento Europeo. Y, aunque no sea para resucitar aquel «consenso» -la creencia ciega en el mercado de los 80-, EE.UU. también ve el viaje de Obama como una oportunidad para recordar a sus conciudadanos por qué lo eligieron presidente.
Entre los asistentes europeos a la cumbre, los que mejor aguantan ante sus opiniones públicas son la alemana Angela Merkel, el italiano Silvio Berlusconi y el holandés Jan Peter Balkenende. Los más tocados, según las encuestas, son el presidente español, el francés y el siempre poco popular premier británico. Según Katinka Barysch, analista del Centre for European Reform de Londres, los líderes deberían olvidarse de sus egos, porque el tema fundamental de la cumbre es «mantener la fe en las soluciones multilaterales en un momento en que la tentación es hacer las cosas solos».
Ésta es justamente la tendencia de Nicolas Sarkozy, castigado pese a que su país es, entre los grandes de la zona euro, el que más está tardando en entrar en recesión.
Aun así, el jefe de Estado francés se beneficia de la debilidad de la oposición, igual que José Luis Rodríguez Zapatero, cuyo Gobierno ha sufrido una de las caídas más pronunciadas de la Unión Europea, pero quien, personalmente, se mantiene por encima de la valoración de su contrincante del PP. Las oposiciones, al menos en el sur de Europa, no están en su mejor momento, como lo demuestra el colapso de la italiana, que tanto ha beneficiado a Berlusconi.
El jefe de Gobierno italiano saldrá aún más fortalecido de las elecciones europeas de junio. Su flamante partido se convertirá previsiblemente en el más numeroso del hemiciclo, incluso por encima del de la también popular Merkel, cuyo país tiene más escaños en la Eurocámara. Aunque frena los planes de estímulo en la UE y ha perdido el aura europeísta de 2007 durante su presidencia semestral de la Unión, la canciller alemana mantiene una aceptación estable en su país.
En cualquier caso, la estrella esta semana será el presidente de EE.UU., que será recibido con aplausos y sigue siendo el líder más amado de los presentes, aparte del presidente ruso, Dmitri Medvédev. El demócrata intentará capitalizar su viaje con mucho más que fotos de familia. Por ejemplo, con charlas informales, como una discusión con estudiantes turcos al final de su periplo.
El líder de la Casa Blanca y los mandatarios europeos están, en todo caso, en mejor situación que algunos de sus interlocutores, como Japón. El frenazo de la demanda global por los coches y aparatos electrónicos -unido a incoherentes respuestas a la crisis por parte del gabinete de Taro Aso- ha colocado al actual Gobierno del Partido Liberal Democrático (PLD) al borde del abismo.


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