- ámbito
- Edición Impresa
La crisis se dejó sentir en Buenos Aires Photo
«Nosferatu», fotografía de Nicola Costantino, una presencia fuerte y constante en Buenos Aires Photo. La artista está realizando una muestra paralela en el Hotel Park Hyatt.
En estos cinco años la fotografía escaló aceleradamente posiciones en el mercado local. Y con el mismo ritmo veloz, algunos críticos de arte, compradores y también los galeristas, se convirtieron en conocedores, en entendidos capaces de defender las virtudes estéticas de una buena obra, y de diferenciar el valor y los precios de las diferentes copias, entre otras cuestiones específicas. En suma, aunque la Argentina tiene excelentes fotógrafos en su historia, su mercado es reciente.
La crisis golpea este año a todos los centros artísticos, nacionales e internacionales, y Buenos Aires no es la excepción. Sin embargo, para paliar la recesión, se bajaron algunos precios. «Lo que antes costaba 10 ahora cuesta 5, casi todo se redujo a la mitad», señaló el galerista Horacio Dabbah, después de reconocer que vendió las obras de casi todos los artistas que llevó a la Feria.
La estrategia para enfrentar la crisis del director de la Feria, Diego Costa Peuser, consistió en consolidar un firme apoyo institucional y empresarial. Apoyo, que, además de servir de estímulo para el mercado, funcionó como legitimador de los artistas elegidos por los compradores de los museos e instituciones. Así, el primer día se concretaron varias ventas en valores que oscilaban entre 400 y 17.000 dólares, entre otras, al Banco Ciudad, luego, Chandon se llevó la imagen surrealista de Juan Erlich; Rabobank tres obras de Sameer Makarius y el laboratorio de Tafirol eligió la maqueta con su respectiva foto de Dino Bruzzone.
El Malba se llevó por 10.000 dólares el «Autorretrato con hijos» (1947) de Annemarie Heinrich, además de la imagen contemporánea «Estados de tiempo» (2009) del artista Pablo Ziccarello por 2800 dólares, donada al Museo por Sergio Quattrini, que se paseaba por la Feria con el curador Marcelo Pacheco. Sara Facio con su ojo entrenado, y Guillermo Alonso, director del Museo de Bellas
Artes (la única institución que tiene un departamento y un curador de fotografía), eligieron algunas obras para que el Comité del Museo las apruebe.
Entre los excelentes artistas de la exhibición figuraban, antes que nada, el homenajeado Makarius, luego los contemporáneos Luna Paiva, Arturo Aguiar, Juan Erlich, Fabiana Barreda, Juan Travnik, Marcelo Grosman, Ruy Kruggier y Sandro Pereira. Más allá de que los artistas hayan dejado de lado el afán documental, para utilizar la foto con fines artísticos, en el medio de estos dos caminos estaban, por ejemplo, las fotos de las performances de Nicolás García Uriburu.
Pero hay tres artistas que al mirar la Feria en retrospectiva, sobresalen desde las primeras ediciones, Esteban Pastorino, Nicola Costantino y Marcos López, aunque esta vez estuvo un tanto excedido. Con buen criterio fueron seleccionados este año, y además de ocupar un espacio en los stands, tienen sus propias exhibiciones paralelas. Pastorino expone sus bosques en el Patio Bullrich, López, la «Suite Bolivariana» en una sala del Palais, y Costantino una exhibición casi antológica en el Hotel Park Hyatt.
En esta edición se advierte que las imágenes de nuestros artistas tienen un formato pequeño, si se coteja con la medida de las fotografías de los extranjeros. Más allá de la crisis, ocurre que en nuestro país no existen estudios para hacer copias mayores al metro veinte. Cabe aclarar que justamente el gran formato, similar al de las grandes pinturas que pueblan los museos, cobra importancia porque es una de las cualidades que en contribuyeron a brindarle a la fotografía el estatus de las obras de culto, el aura que provoca «esa sensación de lejanía (por cercana que se encuentre)».
En suma, la Feria deja un buen saldo: el mercado en acción, y un público cada año más numeroso que ha ingresado al mundo de las imágenes y desea conocer sus códigos, sus secretos y sus artistas estrella.


Dejá tu comentario