7 de enero 2010 - 00:00

La crisis también afecta a los grandes estadios

El Citi Field, donde juegan los New York Mets. El banco fue criticado por pagar u$s 20 millones anuales durante dos décadas para que el estadio lleve su nombre y recibir fondos de la Fed.
El Citi Field, donde juegan los New York Mets. El banco fue criticado por pagar u$s 20 millones anuales durante dos décadas para que el estadio lleve su nombre y recibir fondos de la Fed.
La crisis financiera no sólo se llevó puestos a varios grupos económicos y entidades: también los clubes estadounidenses de las grandes ligas están sufriendo la falta de espónsores para sus estadios. Según comenta The New York Times en su edición electrónica, la cancha que a partir del año próximo compartirán los Giants y los Jets (dos de los equipos más populares de la NFL, la liga de fútbol norteamericano) se llamará, simplemente, The New Meadowlands Arena (o «NewMead», con ese gusto de los estadounidenses por las abreviaturas y los apócopes).

En la Argentina ése es un problema que nunca llegará: la idiosincrasia de los dirigentes del fútbol local les impide imaginar un Monumental Petrobras, una Bombonera LG o un Nuevo Gasómetro Walmart.

En Estados Unidos la cuestión es a la inversa: franquicias muy populares como los Dallas Cowboys, los Miami Dolphins o los New Jersey Nets -que se mudarán a una nueva instalación en Brooklyn y cambiarán de nombre- no encuentran esponsor para sus estadios.

Meadowlands es el suburbio de New Jersey donde se asentaba el anterior estadio de los Giants y los Jets (se llamaba Giant Stadium), donde los Jets jugaron el domingo pasado el último partido de la historia de esa cancha (le ganaron a los Cincinatti Bengals y se clasificaron para los playoffs). Será demolido próximamente, y el terreno servirá como estacionamiento para el «NewMead».

Lo llamativo es que, siendo el único estadio en que juegan dos equipos en las denominadas «grandes ligas» de Estados Unidos, no tengan ni una sola oferta para nombrarlo. En ese país se ha convertido en habitual que grandes corporaciones «adopten» canchas que cambian de nombre o simplemente se inauguran llevando el nombre del esponsor. En Chicago, los Bulls son locales en el United Center (por la aerolínea); en Miami los Heat juegan sus partidos en el American Airlines Stadium.

El último baluarte contra esta muestra de «modernidad» es la franquicia más tradicional de cualquier deporte en ese país, una que no modifica sus uniformes desde 1918 y hasta prohíbe a sus jugadores usar «pelo facial» (barbas, bigotes, patillas): los New York Yankees. Sin embargo, en 2008 estuvieron a punto de dar el brazo a torcer: después de todo, estaban levantando el nuevo Yankee Stadium en el Bronx, y la factura superaba los u$s 1.000 millones. Así fue que el grupo asegurador alemán Allianz -que da su nombre a la cancha del Bayern Munich, donde se disputó la final del Mundial de Alemania en 2006) llegó a ofrecer u$s 25 millones anuales para ponerle su marca al denominado «Zoo del Bronx». También el Bank of America estuvo cerca de pagar u$s 10 millones anuales para ser «top sponsor» del nuevo Yankee Stadium, pero la operación fracasó por la crisis.

En sentido inverso, el otro club de béisbol de Nueva York, los Mets, demolieron el mítico Shea Stadium y lo reemplazaron por el Citi Field; por ese honor el mayor grupo financiero del mundo pagará u$s 400 millones a razón de u$s 20 millones por año durante las próximas dos décadas. Lo duro para el Citigroup es que el acuerdo fue suscripto apenas meses antes de que se desatara la crisis, lo que le valió a sus máximos ejecutivos durísimas críticas no sólo de la prensa sino de sus clientes, por lo que consideraron «un despilfarro». Como lo peor de la crisis ya pasó, las críticas también son cosa del pasado.

Sergio Dattilo

Dejá tu comentario