21 de enero 2011 - 00:00

La culpa es de los EE.UU., no de China

La culpa es de los EE.UU., no de China
Es casi irónico. China parece que viene perdiendo la carrera para frenar el crecimiento de su economía (9,8% el último trimestre) y estaría a punto de tomar nuevas medidas para acotarla (nuevas es un decir, porque insistiría en el incremento de encajes y, eventualmente, otra suba de tasas). En realidad, lo que preocupa no es el crecimiento -siempre bienvenido-, sino que éste se viene dando en un contexto inflacionario que comienza generar un malestar social que inquieta a las autoridades de la República Popular. Parte del problema es que el origen de esa inflación no es el dislate emisor de Pekín, sino la suba de los productos importados, que tiene una raíz climática para el caso de los alimentos y otra con un fuerte componente especulativo (merced a la emisión de dólares) para aquellos productos que cotizan en Bolsa. Seguramente habrá quienes insisten en la idea de que la suba de precios internacional tiene que ver con la recuperación de la economía, en particular, la norteamericana, pero el hecho de haber terminado 2010 con casi un 5% menos de viviendas vendidas (el número es peor si consideramos el aumento de la población) marcando el número más bajo en 13 años, muestra que si hay alguna recuperación, ésta es marginal. La verdad es que si las cosas estuvieran de parabienes en los EE.UU. y/o Europa, el incremento del costo del dinero en China pasaría inadvertido (incluso sería una buena noticia para Occidente), pero la situación es tan frágil como para que esto justifique un retroceso de más del 0,5% en los commodities (el precio del petróleo cedió un 2,2%; y el del oro, un 1,73%) golpeando a las cotizantes más relacionadas con estos productos (Exxon, Alcoa, Caterpillar -tiene 11 plantas en China-). El Dow bajó 0,02%.

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