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La defensa de Greenspan
A partir de entonces, muchas opiniones autorizadas e influyentes señalaron a Greenspan como el gran responsable de esa crisis. Las críticas no sólo provinieron de economistas de izquierda sino también de muchos que comparten sus ideas liberales. De hecho fue uno de estos últimos, John Taylor, profesor de Stanford y ex secretario del Tesoro de Estados Unidos durante la primera administración de George W. Bush, quien lanzó el ataque más devastador en contra de Greenspan. Según Taylor, fue la política monetaria seguida por la Fed desde 2002 a 2004 la que alimentó la burbuja inmobiliaria cuyo estallido casi lleva al sistema financiero de Estados Unidos a la quiebra. Otra economista de ideas liberales, Anna Schwartz (coautora con Milton Friedman de una voluminosa historia monetaria de Estados Unidos), sostuvo que «nunca debería haber habido una crisis subprime si la Fed hubiera estado alerta. Esto es algo por lo que Alan Greenspan deberá responder».
Pero las críticas a Greenspan no se limitan a la política de tasas de interés que siguió como titular de la Fed. Hay bastante consenso de que la falta de regulación de ciertas instituciones y mercados y la excesiva confianza en la capacidad de los banqueros para evaluar riesgos y autorregularse fueron factores igualmente importantes en provocar la crisis. Y aquí a Greenspan también le cabe una enorme responsabilidad. Greenspan era muy escéptico acerca de los beneficios de las regulaciones en el sistema financiero e incluso de su necesidad. A principios de esta década, en el más alto nivel de la Fed como de la administración Bush existía la creencia de que los bancos podían «autorregularse» y esta creencia se transmitió por un «efecto cascada» a distintos niveles en las agencias encargadas de supervisarlos y regularlos.
Evidencias
Lamentablemente para Greenspan es muy fácil para sus críticos encontrar evidencia incriminatoria en sus múltiples discursos y testimonios al Congreso. Después de la debacle de LTCM en 1998, Greenspan se opuso decididamente a la regulación de los hedge funds y de los contratos de derivados. En su opinión, esta ausencia de regulación contribuía a que la economía de Estados Unidos fuera tan fuerte y sus estándares de vida los más altos del mundo. Tan recientemente como 2005, Greenspan negaba la existencia de una burbuja en el sector inmobiliario o la posibilidad de una recesión en Estados Unidos. También consideraba que las hipotecas subprime eran un ejemplo de la innovación financiera que aseguraba que los mercados de crédito de Estados Unidos fueran los más desarrollados del mundo. En cuanto al marco regulatorio del sistema financiero, consideraba que su fragmentación era una ventaja. Los hechos han demostrado que estaba equivocado en todos estos puntos.
Tantas críticas tocaron el orgullo de quien en algún momento era venerado como un sabio infalible. En varios artículos publicados en The Wall Street Journal el ya octogenario Greenspan intentó salvar su reputación. En diciembre de 2007, mucho antes del colapso de Lehman Brothers, sostuvo que la crisis había sido un «accidente inevitable», consecuencia de los cambios que se habían producido en el mundo después de la caída del Muro de Berlín. La adopción del capitalismo en China y otros países emergentes había creado nuevas potencias exportadoras que habían acumulado reservas en bonos del Tesoro estadounidense. Eso había generado un exceso de ahorro, que a su vez había causado una caída en las tasas de interés de largo plazo que a su vez habían provocado la burbuja inmobiliaria. Este artículo propició un interesante debate con Taylor.
Con la aceleración y profundización de la crisis, el ex titular de la Fed se vio obligado a hacer un mea culpa. Invitado a declarar ante el Congreso, reconoció algunos de sus errores, especialmente su confianza en la autorregulación de los banqueros y en la desregulación de los instrumentos derivados. Pero aunque reconoció sus fallas como regulador, Greenspan, quizás por orgullo profesional, no admite errores como economista. El viernes pasado presentó en la Brookings Institution un paper en el que expone su interpretación macroeconómica de la crisis y propone una serie de medidas para evitar su repetición. Allí sostiene que el principal problema fue que los bancos operaban con muy poco capital y que décadas de prosperidad habían aumentado la tolerancia al riesgo a niveles poco prudentes. Para resolver este problema, propone mayores requerimientos de capital. Pero Greenspan no admite que la política monetaria seguida por la Fed durante su mandato haya inflado la burbuja subprime. China y el exceso de ahorro global siguen siendo, en su opinión, los verdaderos culpables. El debate entre los economistas continúa. Teniendo en cuenta que pronto se discutirá en el Congreso una reforma financiera, su relevancia no es menor.


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