- ámbito
- Edición Impresa
La deuda de Cuba con la Argentina: otro tema fuera de la agenda
El mayor despliegue fotográfico de la visita se dio ante el monumento a José Martí en La Habana. Cristina de Kirchner y el canciller Felipe Pérez Roque recorrieron toda la plaza.
Teniendo en cuenta que el intercambio comercial bilateral es casi nulo (se exportan unos
u$s 101 millones y se importan
u$s 50 millones), definir la situación del endeudamiento cubano resultaría la cuestión más trascendente por resolver entre los dos países, al menos en el terreno económico. Aparentemente, el tema quedará para una próxima vez, ya que Kirchner y Castro firmaron ayer en La Habana casi una docena de acuerdos (ver nota aparte), y ninguno refiere al caso.
La deuda se generó en 1973, cuando gobernaba la Argentina el admirado por los K, Héctor J. Cámpora, y su ministro de Economía era José Ber Gelbard. En esos días de tercera posición, el Gobierno organizó un viaje a La Habana con el titular del Palacio de Hacienda a la cabeza y algunos empresarios teóricamente nacionales (la mayoría eran multinacionales) dispuestos a encarar el desafío de conquistar el mercado cubano. Como Fidel Castro estaba en una situación de crisis económica crónica, la clave de la gestión era que la propia Argentina aporte el capital para que luego el Gobierno cubano compre productos locales y luego pague la deuda con los beneficios que estas ventas producirían. Fue así como llegaron a Cuba vehículos como el Fiat 125, un utilitario Ika y el famoso rastrogero; además de heladeras Siam e indumentaria Arciel. En total, los préstamos llegaron a los u$s 1.200 millones y nunca hubo algún intento serio de honrar la deuda.
Hubo dos últimas gestiones desde la Argentina para tratar de encarar de alguna manera la cuestión. A mediados de los 90, el canciller Guido Di Tella, con la ayuda del radical alfonsinista Cesar Jaroslavsky (que en esos años vivía en La Habana tratándose por problemas de salud), avanzó en la idea de cambiar la deuda por inversiones locales en obra pública y turismo, un esquema que estaban ensayando (con éxito) México y España respectivamente. En un primer momento hubo avances. Incluso en alguna llamada telefónica, pedido de habanos de por medio, Carlos Menem lo conversó con Fidel Castro. Finalmente, los votos en contra de Cuba de la Argentina en las Naciones Unidas y el fallecimiento de Jaroslavsky terminaron por bombardear cualquier negociación.
Más cerca en el tiempo, entre 2004 y 2005, el primer canciller de Néstor Kirchner, Rafael Bielsa, intentó hablar del tema con su colega Felipe Pérez Roque. La respuesta del diplomático (que ayer fue el principal anfitrión de Cristina de Kirchner en su periplo habanero) fue lapidaria: queremos una quita del 75% y pagar el resto con medicamentos y atención de enfermos argentinos en la isla, con el costo del traslado a cuenta de la Argentina. Fue la última vez que el tema deuda cubana fue tocado seriamente, ya que el distanciamiento posterior por el caso Molina terminó por sepultar cualquier tipo de intento de mencionar el tema.
Sobre la situación de la médica, ayer hubo cierto malestar de parte de la delegación argentina por las declaraciones de la doctora pidiendo, casi rogando, a la Presidente para que toque su situación ante Raúl Castro. Aparentemente hubo contactos anteriores a la llegada de la jefa de Estado a la isla, donde se le pedía a Molina que no mencione
el tema mientras Cristina de Kirchner se encontrara en La Habana, bajo la promesa de que el Gobierno argentino continuaría haciendo las gestiones correspondientes. Las declaraciones de la doctora en casi todos los medios locales (comparando incluso su situación con la dictadura militar argentina que habitualmente el Gobierno condena) y el lanzamiento de un blog personal donde pide por su situación y reclama apoyo cayeron como un balde de agua fría en la delegación. La visión de los argentinos presentes en la gira por Cuba era que Molina faltó a su palabra y complicó más las cosas.


Dejá tu comentario