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La expectativa de una “eficiencia económica” regresó a Piñera al poder
La sociedad chilena privilegió las promesas de crecimiento en un marco de orden y estabilidad, opinaron analistas. La campaña del miedo sobre una radicalización hacia la izquierda fue clave.
TRANSICIÓN. La presidenta Michelle Bachelet desayunó ayer con Sebastián Piñera, una tradición en Chile el día posterior a las elecciones. La extensión del diálogo -que duró más de una hora y media- y la presencia del ministro de Interior, Mario Fernández, le dieron un contenido político sin precedentes a una reunión meramente simbólica.
"Nuestro Gobierno va a favorecer la inversión, la productividad, la innovación, el emprendimiento, y eso refleja la reacción muy favorable que tuvieron los mercados", dijo el presidente electo ayer a la prensa extranjera.
Además del crecimiento económico (Chile crecerá un 1,4% este año, su peor resultado en los últimos ocho), el ejecutivo de Bachelet tuvo problemas con la implementación de algunas de sus reformas emblemáticas, como las tributaria, educativa y laboral.
"Piñera advirtió antes que nadie que había que salir del túnel, bajar el volumen y corregir los extravíos", dijo el analista Héctor Soto, en una columna en el diario La Tercera.
"La votación lo que refleja es la expectativa de un Gobierno que sea más eficiente, pero que también tiene dentro de su programa elementos sociales que son importantes", complementó Arturo Alegría.
La desunión de la coalición gobernante -que en primera vuelta compitió fragmentada en seis candidaturas- y el tono más radical que adquirió la campaña oficialista en la segunda vuelta terminaron también asustando a los chilenos, en una "campaña del terror" que se libró sobre todo en las redes sociales.
La comparación que hizo el propio Piñera de Guillier con el presidente venezolano Nicolás Maduro alimentó los temores de polarización en un país que aprecia el orden y la estabilidad.
Pero también los guiños que a última hora hizo Piñera a favor a los cambios sociales impulsados por Bachelet, como dar paso atrás a su postura inicial de terminar con la política de gratuidad universitaria, habrían seducido a un electorado menos ideologizado y a favor de un tono más pausado de los cambios.
A la luz de los resultados, en la segunda vuelta Piñera necesariamente sumó nuevos votantes y adicionó parte del tradicional voto de izquierda.
| Agencia AFP |

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