La Fed enfrenta varios problemas. Por un lado, el costo del dinero está en niveles históricamente bajos y, sin embargo, ni las empresas ni los particulares están demandando el crédito lo suficiente como para generar una expansión económica. Es claro entonces que seguir bajando sus tasas de referencia para estimular la economía sirve poco y nada. Lo que queda es inundar la economía de dólares, recomprando títulos de deuda de manera masiva, esperando que éstos vayan al consumo y no a los precios o a generar nuevas burbujas en el sector financiero. El problema de este camino es que como señal no es nada bueno volver a usar los instrumentos de shock del principio de la crisis -¿estamos como entonces?- ya que puede asustar todavía más a los inversores y congelar al comercio y a los consumidores. No por nada, casi todas las acciones de la Fed son vistas en el mercado de cambios como devaluatorias mientras sus no medidas tienden a fortalecer el dólar. Es cierto que los ojos del mercado están puestos sobre Bernanke, pero la realidad es que la pelota la tienen Obama y el Congreso. Lo que se necesita para salir de la crisis y evitar una nueva recesión no es más dinero, sino más confianza que genere más puestos de trabajo y, por ende, más consumo. ¿Servirá de algo la decisión de la Fed de comprar algunos treasuries a 2 y 10 años y reconocer que la economía no está mejorando? Sí, aunque probablemente apenas sea para evitar las acusaciones que no están haciendo nada por la economía.
En lo personal, no somos ni optimistas ni pesimistas, pero mirando el 0,51% que retrocedió el Dow (10.644,25 puntos) y los magros 980 millones de papeles transados en el NYSE, es evidente que la Bolsa no vivió ayer un día de euforia.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario