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La feroz atracción por un Shakespeare macabro
• DIÁLOGO CON GONZALO DEMARÍA, QUE ESTRENARÁ UN MUSICAL BASADO EN "TITO ANDRÓNICO"
“Sangre, sudor y siliconas”, que se verá desde el martes 13, reformula en clave de musical la obra más sangrienta y bizarra del autor de “Hamlet”, donde se enfrentan un cirujano plástico y una princesa inca.
Demaría. “La obra es tan sangrienta que nunca nadie se puso de acuerdo en si es una comedia o una farsa”.
Demaría se basó en el truculento circuito de revanchas entre el general romano Titus Andronicus y la reina de los godos para narrar la lucha entre un esteticista de fama mundial y los indígenas del Valle de la Longevidad, en Ecuador. Para apropiarse del gen contra la vejez, este cirujano secuestra a una princesa inca y opera a los nativos del lugar, quienes no tardan en vengarse por haber sido "arianizados".
Demaría es un autor prolífico en cuya producción se destacan obras de marco histórico como "La ogresa de Barracas" y "El cordero de ojos azules", que combinan contenidos eruditos con asuntos populares y una mirada crítica sobre lo social. Tal el caso de "Tarascones", producción del Teatro Cervantes que acaba de salir de gira. Dialogamos con él:
Periodista: ¿A qué se debe este renovado interés por "Tito Andrónico"?
Gonzalo Demaría: La investigadora Isabelle Blanchet-Beucher lo explica en su libro sobre sus puestas contemporáneas en Francia y el Reino Unido. Según ella, el boom que tuvo la obra durante el siglo XX y la actualidad se debe a la escalada de violencia, guerras y enfrentamientos étnicos que estamos viviendo. También aporta un dato interesante: en la obra se producen 14 muertes, 6 mutilaciones, 3 violaciones, hay un enterrado vivo, un caso de locura y un banquete caníbal maquinado por Tito, en el que la reina termina comiéndose a sus propios hijos dentro de un pastel. A mí me fascina, tanto por el tono en que está contada como por sus inesperados rasgos de humor.
P.: ¿Cómo se la representaba en tiempos de Shakespeare?
G.D.: Con baldes de sangre de chancho. Eran montajes bien explícitos y festivos que duraban muchas horas. Mientras se exhibía la obra, la gente comía, orinaba, luchaba con espadas... Era un espectáculo "gore", como diríamos hoy, pero absolutamente popular y de pura acción.
P.: ¿No es un alegato contra la venganza?
G.D.: También lo es. Muestra cómo la venganza, una vez que se inicia, se multiplica sin cesar. Todos los personajes de "Tito Andrónico" tienen su momento de venganza dentro de la obra. No olvidemos que "la tragedia de venganza" fue un género en sí mismo que tuvo por modelo a "La tragedia española" de Thomas Kyd, donde hay mutilaciones, violaciones y hasta un licántropo. ¡No falta nada!
P.: ¿Qué quedó de "Tito Andrónico" en "Sangre, Sudor y Siliconas"?
G.D.: Las relaciones entre los personajes y el choque entre civilización y barbarie. Acá, la lucha es entre cirujanos aparentemente sofisticados y la magia de los indios. Al igual que en "Tito Andrónico" todos se ven arrastrados por la espiral de violencia y todos cometen crueldades. Yo quise salir del esquema "indios buenos-blancos malos"; porque el tema de la venganza nos afecta a todos. Estos indios ecuatorianos se vengan con justificación, pero la rueda no para y llega un momento en que ya no se sabe quién es víctima de quién.
P.: Acaba de publicar su segunda novela...
G.D.: Sí, "El club de los vampiros". Es una historia de amor y persecución sobre el final del gobierno de Rosas. Está narrada en primera persona por un inglés que llega a Buenos Aires con un elenco de ópera para interpretar "Belisario" de Donizetti. Este inglés presencia un crimen cometido por la Mazorca, la organización parapolicial de Rosas, y al huir se contacta con las fuerzas opositoras al régimen.
P.: ¿Hay vampiros en esta historia?
G.D.: No. Y digámoslo ya para evitar decepciones. El club de los vampiros es un grupo de universitarios que se reúne de noche a confabular contra Rosas. Para estos jóvenes el verdadero vampiro es él y planean exterminarlo.


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