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La Filarmónica tuvo noche de luz y color
El ciclo de abono a 18 conciertos de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires tuvo una segunda edición de gran nivel, que permitió apreciar una vez más la altura que es capaz de alcanzar un ensamble nacional que poco tiene que envidiar a otros organismos visitantes. Parte del mérito fue también de la directora Shi-Yeon Sung: desde su pequeña estatura, esta joven coreana condujo con precisión, autoridad y carisma (tres virtudes difíciles de encontrar en una batuta), brindando versiones maduras de las tres obras que abordó.
Abrió el programa un estreno en la Argentina: «Rocaná (Espacio de luz)», de la compositora Usunk Chin, también coreana del Sur y nacida en 1961. Chin se perfeccionó durante tres años con György Ligeti, y la obra escuchada el jueves da cuenta de esta formación. Se trata de un continuo de 20 minutos donde lo que llega a los oídos remite a otros sentidos: atmósferas, texturas, claroscuros, en un fabuloso clima que su autora reconoce como de inspiración onírica. La Filarmónica sorteó de la mano de su directora las dificultades de esta obra, ayudada también por la milagrosa acústica envolvente del Colón.
Y llegó el turno del solista, sin dudas la figura más convocante del encuentro. A poco más de un año de su anterior presentación en Buenos Aires con la Orchestre de la Suisse Romande, Jean-Yves Thibaudet hizo su rentrée con el «Concierto en Fa» de George Gershwin. Si bien el pianista lyonés es un artista multifacético, capaz de abordar distintos géneros y estilos con la misma destreza, pocas obras permitirían tanto como ésta el lucimiento de un artista especialmente inclinado al jazz (ha editado un disco dedicado a Bill Evans y otro a Duke Ellington).
Con un infalible sentido del ritmo e impecable en sus pasajes más expuestos, Thibaudet también supo fundirse con el conjunto, manteniendo un contacto visual permanente no sólo con la directora sino con la orquesta misma, como él si fuera un miembro más. En el momento del bis que siguió al aplauso atronador, el pianista sacó un as de la manga: una versión para piano y orquesta de un tango de Horacio Salgán, su entrañable amigo presente en uno de los palcos, a quien Thibaudet dedicó la ejecución. El tema elegido fue «A fuego lento», que pudo oírse sin temores ahora que todos los textiles de la sala son ignífugos.
César Franck
La «Sinfonía en Re menor» de César Franck que constituyó la segunda parte del concierto permitió que se apreciara la solvencia de las cuerdas, los bronces y las maderas de la Filarmónica (en especial en el solo de corno inglés de Maximiliano Storani, ejecutado con gran expresión y musicalidad); intencionadamente o no, la inclusión de esta obra de de 1889 hizo notar algunos giros pre-gershwinianos escritos por Franck en el tercer movimiento. La famosa partitura del organista y compositor belga, de la que Sung brindó una lectura clara y profunda, resultó así un cierre acertado y a la altura de un comienzo tan brillante.
M.P.


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