2 de noviembre 2010 - 00:00

La fotografía se adueña de los atributos del gran arte

Una visión del puente de Constitución en la lente de José Pereyra Lucena.
Una visión del puente de Constitución en la lente de José Pereyra Lucena.
En el año que culmina, la fotografía ocupó un papel protagónico. El domingo por la noche se cerró en el Palais de Glace una excelente edición de la feria Buenos Aires Photo; ayer se realizó una subasta dedicada en exclusividad a la fotografía latinoamericana en el Malba; y, mientras en la galería Ruth Benzacar se exhibe una extensa muestra de Marcos López, acaso el más internacional de los fotógrafos argentinos, y en Arte x Arte recorren la historia de esta disciplina, desde sus orígenes hasta la contemporaneidad.

En esta sexta edición de Buenos Aires Photo, sin duda, la mejor que hemos visto, se alcanzó un nivel de excelencia más bien parejo y abundaron las ventas. Vale destacar que la Feria ha sido el motor que puso en marcha el mercado, acaso porque en estos años cumplió una misión didáctica. Un buen ejemplo es el de la galería Barcelona, que vendió todas las copias que trajo del japonés residente en Nueva York, Hiroshi Sugimoto, por 1500 dólares.

Frente a las imágenes casi abstractas que representan mucho de los mares del mundo, la joven fotógrafa Erica Bohm señala que Sugimoto es un maestro para su generación. «Poder ver una copia es realmente un lujo, son joyas que hemos visto tantas veces en libros. Yo no había visto una copia en vivo y el objeto es en sí es hermoso. El precio es accesible por que son ediciones de 500 copias», sostiene Bohm. El galerista de Sugimoto aseguró haberle vendido una copia de esta serie al Museo Reina Sofía de Madrid por 1 millón de dólares. Claro, en una edición de 5 y copias y en gran formato, de casi 2 metros.

En el espacio Chez Vautier, el fotógrafo Raúl Flores es el curador de la muestra y hay imágenes de Erica Bohm, unos edificios de las ciudades texanas, tomadas durante su residencia en el Museo Blanton de Austin. Se trata de tomas digitales, intervenidas en photoshop para crear un clima de irrealidad cercano al de la ciencia ficción, y luego copiadas en papel metálico y montadas en acrílico.

La Argentina es dueña de una larga tradición de fotógrafos talentosos, pero el coleccionismo y el gusto del público masivo por esta disciplina recién comenzaron a manifestarse en este siglo. Hasta hace poco más de una década, los fotógrafos de nuestro país vivían de los retratos, dictaban clases o editaban algún libro, mientras soñaban con un mercado inexistente.

La fotógrafa Sara Facio dio el primer paso, cuando en 1998 fundó la colección del Museo Nacional de Bellas Artes, que legitima con su prestigio el valor artístico y económico de las obras que atesora. Con este modelo se creó la colección del Museo Arte Moderno porteño (que permanece oculta desde hace años) y, finalmente, se plegó el Malba, con sus compras y exposiciones.

Facio, que en 1985 fundó la Fotogalería del Teatro San Martín, hoy a cargo de Juan Travnik, analizaba hace unos años sin reparos el mercado local: «Hasta el año 2000 ninguno de nosotros superaba los 5.000 dólares». Los precios de las fotografías argentinas han variado mucho desde entonces. Todo comenzó cuando unos pocos conocedores, entre ellos algunos compradores internacionales, y el pequeñísimo coleccionismo local, comenzaron a investigar la historia de nuestra la fotografía. Así surgió el deseo de adquirir los conocimientos necesarios para ingresar al mercado y, ahora, muchos aspiran a ganar aceleradamente el tiempo perdido.

La galerista Marina Pellegrini trabaja las obras de nuestros clásicos (Annemarie Heinrich, Anatole Saderman, Alicia DAmico, Alex Klein, entre otros) y, durante años, se ocupó de explicar lo básico: que las copias vintage son las realizadas por los artistas en la época de la toma, y que las posteriores tienen menor valor, pero son una elección excelente para iniciar una colección. En esta edición, Pellegrini capitalizó su esfuerzo y se dedicó exclusivamente a vender.

Varias razones explican la escalada de este mercado, que tiene un correlato internacional. Por un lado, los compradores que antes se contaban con los dedos de una mano, se han multiplicado, por la sencilla razón de que hay fotografías para todos los bolsillos y para todos los gustos; mientras, por otro lado, son muchos los artistas que utilizan la fotografía como un medio más de expresión.

En esta senda, la de presentar artistas cuyas obras deben ser juzgadas con el protocolo del arte, más que el de la fotografía, se alistaron varias galerías. Alberto Sendrós presentó las obras del tucumano Gabriel Chaile, que posa ante la cámara vestido con los trajes de los actos escolares y encarna personajes como el aguatero, el vendedor de velas o un soldadito. La tendencia autorreferencial de Chaile y el patetismo de una figura patria, está heredada de Sandro Pereira, artista que pese a su juventud, gravita en el arte de sus pares. En Ruth Benzacar se vendieron «Red With Him» de Liliana Porter y «Autorretrato Nicola según Berni» de Nicola Costantino para la colección del Malba, además de una serie estupenda de imágenes de Adrián Villar Rojas.

Fueron muchas las fotografías con gran poder de atracción que tornaron grato el recorrido por la Feria. La rosarina Laura Glusman sorprendió con la relación intersubjetiva que alcanza con la naturaleza un cuerpo desnudo surcando el río. Entre los trabajos más logrados estaban los nuevos paisajes de la historia del arte de Dino Bruzzone, las escalinatas cruzadas de Jorge Miño, las mareas rojas de Silvia Rivas, el faro metafísico de Matilde Marín, lo animales surreales de Juan Erlich, los «espíritus» de colores que flotan en un viejo caserón de Lila Siegrist, la nube misteriosa de Ananké Asseff o el puente de Constitución del joven José Pereyra Lucena.

Luego, fotógrafos como Alberto Goldestein, Esteban Pastorino, Eugenia Calvo, Daniel Kiblisky y Rosana Schoijett, presentaron trabajos estupendos. Entretanto, Florencia Levy exhibió un relato audiovisual, semejante a una road movie que transcurre en China o en Oriente, y Marcela Astorga encontró un nuevo camino con unos sugerentes rayos de luz cenital. Además, Cecilia Szalcovicks, Andrea Ostera, Pablo Zicarello, Ernesto Ballesteros y Luciana Lamothe, son algunos de los nombres insoslayables en esta Feria.

El fenómeno expansivo de la fotografía, determinado por el interés que suscita y por su simultáneo desplazamiento al campo del arte, se percibe en la mencionada muestra de López, que por primera vez incorpora dibujo, pintura y escultura en una exhibición. Hoy su obra es la de un artista, no ya la de un fotógrafo ortodoxo, por exitoso que haya sido.

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