La Gioconda tiene una gemela en El Prado

Edición Impresa

Madrid - Durante años colgó de las paredes del Museo del Prado sin que los visitantes le otorgaran gran valor, más allá de algunos curiosos que preguntaban por la «Mona Lisa» de la pinacoteca española.

Ahora, ese lienzo catalogado hasta el momento en la escuela flamenca cobra gran importancia. El Prado acaba de descubrir que es una «Gioconda» gemela de la de Leonardo da Vinci, pintada por un discípulo en su taller florentino mientras él realizaba la suya.

«Invita a mirar con unos ojos completamente distintos la obra original», aseguró ayer delante del lienzo, en proceso de restauración, el jefe del departamento de pintura italiana del Museo del Prado, Miguel Falomir. Ahí es precisamente donde reside la gran importancia de este retrato, de unas dimensiones muy similares a la joya que exhibe el Louvre.

El favorito

El autor de esta obra gemela de «La Gioconda» es, casi con toda certeza, Francesco Melzi, un artista milanés procedente de una familia noble pero pobre, que se convirtió en uno de los discípulos preferidos de Da Vinci, para el que trabajó como estrecho ayudante. Los expertos confían en poder conocer en mayor profundidad la verdadera «Gioconda» (1503-1506), porque su réplica está en un estado de conservación mucho mejor, presenta una mayor nitidez y permite apreciar elementos, como la cenefa del escote de la modelo o los pliegues en su atuendo, que en la obra de Da Vinci apenas ya se intuyen. Una curiosidad de la tela: Melzi pintó a la dama con unas cejas que no aparecen en el retrato del maestro.

De la «Gioconda» existen muchísimas copias, pero hasta ahora nunca se ha certificado que alguna de ellas saliera del taller florentino del pintor renacentista. Y mucho menos que alguna de ellas se pintara a la par que la «Mona Lisa» de verdad. ¿Cómo es posible que durante tantos siglos nadie se diera cuenta de que esa imagen de mujer había salido del mismo taller de Leonardo, al mismo tiempo que la que pintó el maestro?

Una de las causas es que el fondo sobre el que aparecía la modelo -la joven Lisa Gherardini, esposa de un comerciante florentino, según la tesis más extendida- era oscuro, al contrario que el de «La Gioconda», del verde de los paisajes italianos. Otra es que la madera sobre el que estaba hecho era un soporte de tabla de roble, como las que usaban los flamencos y holandeses, y no del nogal que utilizaban los artistas florentinos.

Pero un buen día, un estudio del lienzo sin autoría clara, iniciado hace dos años por el Prado de cara a la restauración de la tela para una exhibición en el Louvre, dio por tierra con esos dos argumentos. Resulta que el oscurísimo fondo había sido añadido dos siglos después de la realización de la obra y debajo de él había un paisaje luminoso similar al de la «Mona Lisa» original. Y la madera no era roble, sino nogal.

«No es fácil saber por qué se cubrió el fondo de oscuro, puede tener que ver con los gustos estéticos del momento», explicó ayer Gabriele Finaldi, director adjunto de Conservación e Investigación del Museo del Prado, en uno de los sótanos de la pinacoteca.

Agencia EFE

Dejá tu comentario