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La gracia de “Tres” está en el cuarto personaje
Aunque las protagonistas son tres mujeres que deciden ser madres a cualquier costo, la comedia “Tres” crece en dinamismo y delirio con la aparición del donante de esperma interpretado por Santiago Caamaño.
La inseminación artificial, la maternidad como deseo o mandato y los nuevos modelos de familia son los temas centrales de esta comedia del guionista y dramaturgo español Juan Carlos Rubio. Describe con humor el encuentro entre tres excompañeras de un colegio religioso que, tras una larga noche de alcohol y marihuana, deciden ser madres por primera vez y criar juntas a sus hijos.
Quizás no resulte muy creíble que Rocío (Patricia Echegoyen), famosa modelo y actriz, y Virginia (Viviana Saccone), una cínica abogada, habiendo sido rivales en su adolescencia ahora se unan y a la vez quieran convivir con Ángela (Silvina Bosco), una ingenua de poco vuelo a la que siempre marginaron y aún hoy siguen subestimando. Pero este detalle fue dejado de lado por el autor para concentrarse en el conflicto principal de la obra: la puja entre estas mujeres que contratan a un donante de esperma para prescindir de toda figura paterna y el candidato que hace las cosas a su manera para sorpresa de sus clientas.
Si bien la obra se sustenta en la gracia y el talento de estas reconocidas actrices, la obra recién crece en dinamismo y delirio tras la aparición de José Ramón (Santiago Caamaño). Es allí donde la mirada masculina del dramaturgo se vuelve más crítica. Empezando por el desopilante cierre de contrato.
Los trastornos y desengaños de la convivencia hacen que este poderoso tándem femenino vaya perdiendo el control de la situación; mientras crece más y más el deseo de contar con un compañero sexual estable. Y a esto se suman dos problemas: ni el donante es quien dice ser, ni la maternidad es algo tan unilateral como pensaban. Al menos así lo indica el autor, a través de su portavoz, José Ramón, quien pese a otras tareas "non sanctas" evidencia actitudes de padre responsable. De allí que en un ataque de furia defina a estas mujeres inestables como "tres Vírgenes Marías del siglo XXI". Pero la broma más ácida de Rubio llega con el desenlace. Ellas ven cumplido su deseo de ser madres, pero casi a la manera del refrán "ir por lana y volver trasquilado".


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