10 de marzo 2014 - 00:00

La guerra y la paz: Wall Street define un final de novela

Ucrania en Wall Street no es sólo un país remoto. También pasa por marca de resortes. Débil quizás para resistir una invasión de la Rusia de Vladímir Putin, pero, aplazada esa ambición, supo ser un elástico poderoso. Se comprimió levemente el lunes pasado con Putin empujando la tensión al límite. Mas cuando Moscú, a la manera del gato maula, desarmó el ejercicio militar, catapultó al S&P500 a su récord 49 (en el último año) como si lo vomitase un volcán. La sospecha de guerra en Ucrania fue una pequeña molestia. La promesa de la paz -otra incerteza- cosechó máximos el martes, y también el jueves y el viernes temprano. Hasta que un informe de empleo llamativamente robusto para la condicionalidad que impone el clima polar, lejos de insuflarle bríos a la escalada, la sembró de dudas. Sería tan necio negar que Wall Street tiene resto para proseguir el ascenso como no querer ver el daño flamante que sufrieron el NASDAQ y los bonos largos, o, lo que es peor, sus implicancias.

De frente y de perfil, 2014 es un año esquivo, resbaladizo. Ya lo demostró en enero cuando, desairando expectativas, Wall Street se hundió hasta el 5%. Borrar el traspié con rapidez y acumular récord tras récord no despeja el horizonte. Y no hay que culpar a Putin. La guerra y la paz no es únicamente una novela rusa.

Janet Yellen irradia tranquilidad por donde se la escuche, desde diciembre, de mucho antes de empuñar el timón de la Fed. William Dudley, quien conduce la Fed de Nueva York (y la mesa de operaciones), ratificó esa paz el jueves con lujo de detalles en un desayuno público. Cuando la Fed se reúna la semana próxima, no hay que esperar otro cambio que la tercera cuota del "tapering" a partir de abril. Sin embargo, es imposible ignorar la ofensiva de los funcionarios que velan armas a favor, como mínimo, de un discurso más áspero. Es una postura que machaca los riesgos de la inestabilidad financiera (la invocación que un año atrás precedió al anuncio del tapering). Sus predicadores -los gobernadores Tarullo y Stein y los presidentes distritales Fisher, Plosser y Lacker- siempre estuvieron en pie de guerra, ¿por qué prestarles ahora atención? Se debe recelar aquí no del conflicto, sino de la armonía. ¿Por qué tanta insistencia? ¿Es la queja de la minoría postergada, o hubo fumata blanca y es un globo de ensayo concertado? ¿Será el aviso informal de que, afianzado el tránsito del tapering, se prepara el terreno para lanzar una próxima fase de política?

Dijo Dudley, y hay que creerle, que las expectativas de suba de tasas que abriga el mercado no difieren de las que rigen en el seno de la Fed. No treparán antes de mediados de 2015. Sabemos además que el tapering no asusta y que el alza de tasas será paulatina, imaginemos ahora que los inversores cantan piedra libre, ¿permanecerá la Fed de brazos cruzados o temerá la efervescencia que los predicadores ya dan por sentada? Los halcones de siempre tienen posición tomada, pero las palomas podrían revertir la suya y plegarse (así fue cómo se decidió el tapering). Cuando pase el invierno y despunte la economía robusta que todos prevén, con más razón todavía. La guerra sorda entre duros y blandos mutaría en concordia. Esa paz interior -cuya llave está en poder de las palomas-, y no la confrontación actual, marcará el reinicio de hostilidades para Wall Street.

Dijo Dudley, y hay que creerle, que no ve excesos generalizados. Existen, eso sí, algunos bolsones. Apuntó, a modo de ejemplo, que alguien le mencionó las acciones de biotecnología. ¿Corolario? El sector, el mismo jueves, cortó de golpe su vuelo rasante. La prédica, pues, no cayó en saco roto. El NASDAQ está tocado. Su liderazgo es historia desde que Dudley abrió la boca.

Entiéndase bien, las apuestas no cambiaron de signo. Se piensa que la Bolsa guarda hilo en el carretel. Pero ya cotiza la rotación de sectores. Si se quiere esquematizar: largo los bancos, corto la tecnología. O sea, otra vez, la valuación importa.

Aunque no tanto como para dejar en tierra a todos los papeles. Es que nadie espera decisiones drásticas por parte de Yellen y la Fed. Pero, a más tardar en cuatro semanas, las minutas verterán un discurso beligerante (si Yellen no lo desliza antes, en la conferencia de prensa posreunión) y no está mal curarse en salud. Y si la economía se recompone -en línea con la tónica del informe de empleo- la verba de la Fed hará chispas con más facilidad. El invierno de extrema crudeza no era tan malo después de todo. Todavía no se alejó y, en especial, los bonos largos ya lo comenzaron a extrañar.

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