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La hija, Keiko, captura una potente herencia política
Keiko Fujimori arengó ayer a los simpatizantes de su padre. Pese a la endeblez de su mensaje, las encuestas la ubican como una figura política de gran proyección.
Veinticuatro horas antes de la histórica sentencia de ayer, su hija predilecta y heredera dinástica movió toda la maquinaria fujimorista para demostrar la potencial fuerza electoral del movimiento y presionar políticamente al tribunal. «¡Saldremos a la calle para pedir la libertad de mi padre!», dijo una exaltada y amenazadora Keiko.
Si algo sabe hacer bien el fujimorismo, es organizarse para hacer «chongo». El 27 de marzo pasado, Keiko logró congregar a unos dos mil fans en una especie de fiesta de apoyo a la absolución de su padre.
Su nicho electoral es el mismo del de su «papi»: las clases populares a las que favoreció con medidas asistencialistas durante su gobierno. El lunes, otra encuesta, anunciaba que aunque un 64% de los limeños creía que Fujimori era culpable, un 31% de los encuestados se mostraba de acuerdo con las ideas políticas del fujimorismo.
Lo peligroso de Keiko, a juicio del sicoanalista y líder de opinión Jorge Bruce, es su potencial poder de arrastrar más votos que su padre al ser vista como «la falsa ilusión» de un fujimorismo purgado de la mafia, representada por el ex asesor presidencial Vladimiro Montesinos. Y es que Keiko desprende un aura de inocencia, de niña tonta que encandila a pesar de que su programa político se resuma en dar la amnistía a su padre y decirle a los empresarios que le gustan los TLC.
Esta pose, reforzada ahora por un incipiente embarazo, la supo explotar desde muy joven. Desde que en 1994, con tan sólo 19 años, aceptó ser primera dama después de que su madre denunciara haber sufrido torturas en los sótanos del Servicio de Inteligencia del Ejército.
«¿Quién pagó tus estudios en EE.UU.?», es la endémica pregunta de sus detractores políticos, en alusión a los 350 mil dólares que costaron los estudios de los cuatro hijos de Alberto Fujimori y que según declaró Montesinos en uno de sus juicios, se sacaron del presupuesto del Servicio de Inteligencia del Ejército.
Revelación
Frente a este escenario de ascenso de Keiko, Alan García destapó su estrategia el pasado 23 de marzo. «En Perú el presidente tiene un poder, no puede hacer presidente al que él quisiera, pero sí puede evitar que sea presidente quien él no quiere», dijo el presidente peruano ante un grupo de banqueros latinoamericanos. Estas declaraciones fueron interpretadas como una clara alusión a la próxima candidatura del líder nacionalista Ollanta Humala, apoyado por Hugo Chávez durante la campaña electoral de 2006, y que goza de una alta aprobación en el interior del país.
¿Keiko es el mal menor por el que apuesta García para evitar que gane Humala? «Actualmente, hay una alianza de facto evidente entre el Gobierno aprista y el fujimorismo», considera el ex ministro y dirigente del partido de Alejandro Toledo, Juan Sheput, en declaraciones a un diario local. «La elección de Keiko Fujimori consagraría el pacto de impunidad entre ambos», opinó a propósito de las violaciones de derechos humanos sucedidas durante el primer gobierno de Alan García (85-90). «Para Alan García es una cuestión de supervivencia que el próximo presidente sea alguien que le cubra las espaldas, porque tiene una serie de acusaciones judiciales, como el caso de El Frontón».
Frente a este escenario, son muchos los que advierten que la democracia corre peligro si es elegida. «Keiko presidenta sería un tiro en la sien, un suicidio como país», advierte César Hildebrandt, el periodista más popular del Perú.
Por suerte, las elecciones no son mañana, pero Keiko Fujimori verá reforzada su popularidad. El victimismo tras la sentencia podría ser un buen caldo de cultivo de su candidatura.


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