9 de diciembre 2009 - 00:00

La hija de Orson Welles publicó libro de recuerdos

Chris Welles Feder posa con el libro en el que volcó sus recuerdos de un padre a veces muy presente y afectivo (como en la foto de la izquierda) y otras desaparecía.
Chris Welles Feder posa con el libro en el que volcó sus recuerdos de un padre a veces muy presente y afectivo (como en la foto de la izquierda) y otras desaparecía.
Nueva York - Orson Welles se hartó de que le dijeran que «El Ciudadano (1941), considerada por los críticos como la película cumbre en la historia del cine, era su mejor realización. «Es un trabajo de mi juventud, cuando no sabía nada mejor que usar los trucos que veía en los libros. Eso es lo que todos encumbran. Y ahora hasta mi hija me viene con lo mismo».

Chris Welles Feder, la primogénita del artista, recuerda este comentario en el libro que publicó sobre sus recuerdos, «In my fathers shadow» (A la sombra de mi padre). «Créeme -añade Welles-, lo más magnífico que jamás he realizado es Campanadas a medianoche [1965]. Me enferma que la gente ponga por las nubes a El Ciudadano» y no diga nada positivo de este otro film, mi gran obra maestra».

Mujeriego empedernido -su hija Chris relata la pena que sintió ella cuando su padre se separó de Rita Hayworth, la esposa que sucedió a su madre-, amante de Bach y Albinoni, insomne desde niño, gran comedor y mejor bebedor, Orson Welles siempre aseguró a su primogénita, a la que le aconsejó no ser ni actriz ni dedicarse a la música -»Serás muy infeliz»-, que la mejor escuela era viajar. Chris relata varios de los trayectos que realizó junto a su padre. Para ella es inolvidable, por ejemplo el viaje de 1954 por España. Madrid, Toledo, Barcelona, la Costa Brava. «España es mi país preferido -le aseguró- porque tienen muy presente el conocimiento de la tragedia, la aceptación de la muerte».

Chris Welles retrata la difícil convivencia entre el creativo genial, un prodigio desde la infancia, con opiniones casi siempre contra corriente, y el padre, que unas veces estaba y otras desaparecía. Cerca del 2010, cuando se cumplirá el 25º aniversario de la muerte de este Leonardo del siglo XX -tocó todo los palos-, la aparición de este libro coincidió con el estreno de una película de éxito en Nueva York, «Me and Orson», en la que se describe cómo realizó el montaje de «Julio César» en el Mercury Theater de la calle 41, en 1937.

«Estar casada con Orson -recuerda Chris que le comentó su madre, Virginia- es lo más duro de mi vida y lo más excitante». Virginia estaba embarazada de la que sería Christopher (nombre de varón, por antojo del padre, que al nacer en 1938 envió telegramas con el texto «Christopher, ella está aquí»), cuando se estrenó esa obra de Shakespeare. «No tienes ni idea -le explicó la madre- de lo impactante que resultó hacerla con vestuario moderno. Fue electrizante, no se hablaba de nada más».

Así era Orson Welles, capaz de lo mejor y lo peor. Chris escribe que en ocasiones se olvidó de su cumpleaños, pero en otras le hacía grandes homenajes. Al cumplir los cinco, el hombre que atemorizó a Estados Unidos con la versión radiofónica de «La guerra de los Mundos», le retransmitió su cuento preferido, «Blancanieves y los siete enanitos». A los trece se la llevó de viaje por Europa. En Londres, su padre hizo que Laurence Olivier y Vivian Leigh los invitarán a una comida en su castillo. «Tu padre es un extraordinario actor y director. Tal vez ahora lo repudia la industria, pero el tiempo demostrará lo equivocados que están. Entre nosotros, Orson es el verdadero artista».

Se lo dijo Olivier, en una época en que, paseando por la capital británica, no podían evitar escuchar la música de «El tercer hombre» y el asedio de los que pedían autógrafos. Chris vio allí esa película, junto a su padre. Le preguntó de qué hacía. «De villano», le contestó. «Quiero que seas el héroe», ella. Y él: «Los villanos son más divertidos».

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